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REAL MADRID 2 - BAYERN 1

El Bayern mata al Bernabéu y alivia al barcelonismo

El Madrid cae en la tanda de penaltis con fallos de Cristiano, Kaká y Ramos. Casillas detuvo dos pero no pudo hacer otro milagro. El equipo de Mou se había puesto 2-0 con tantos de Ronaldo. Robben igualó la eliminatoria desde los once metros en el 27'.

Habrá final española. Pero la jugarán Torres y Mata contra Mario Gómez. El Madrid siguió la estela del Barça y protagonizó una sorpresa aún más rocambolesca que la vivida un día antes en el Camp Nou. Perdió en casa frente al Bayern, tras un 2-0 con prórroga y después de levantar una tanda de penaltis que se puso imposible. Cristiano, Kaká y Ramos fallaron sus lanzamientos y el equipo de Mourinho se despidió de la posibilidad de llegar a Múnich para alcanzar la Décima y, sobre todo, de la ocasión de oro de desbancar a su eterno rival del pedestal europeo.

Sin quererlo, su desplome aplacó de un plumazo el estado de optimismo en el que su afición se había instalado tras el Clásico y alivió a la vez al barcelonismo, algo más que desconsolado. El Madrid echó de menos no haber tenido más rivales de tronío en Liga para prepararse como debía para citas como ésta. Nadie le atacó tanto ni tan bien durante este año. Sobre todo en el primer tiempo. Esa falta de dificultades le hizo no saber nadar contracorriente. Esta raro. Atascado. Nunca dominó a su rival y casi siempre estuvo a merced de la magia de Cristiano y de las proezas de Casillas. Iker dejó entre abierta una puerta a la esperanza cuando nadie ya creía, pero el de Móstoles, siendo un santo, no es ningún mago.

Sorprendió la valentía del Bayern

El final, de vértigo, fue una mera consecuencia de los errores anteriores. El primer tiempo no defraudó. Tuvo dos grandes ataques y dos malas defensas. El Bayern sorprendió por atrevido y el Madrid, por precipitado. Cosas del fútbol, el equipo blanco se encontró con la eliminatoria encarrilada sin ser suyo el balón ni las ocasiones. Salvo un primer aviso de Khedira y luego uno más tardío de rosca de Benzema, el 2-0 llegó con más rapidez de la merecida. El primero fue obra de Cristiano tras unas manos de Alaba a disparo de Di María. El segundo, de nuevo del portugués, tras una asistencia mágica de Özil, que pudo dársela a Benzema y se la regaló a Ronaldo contra pronóstico. El Bernabéu, inspirado por Juanito, ardía; pero antes, durante y después, el Bayern era mejor y asediaba a Casillas con un único premio. El que igualó la eliminatoria.

Robben a bocajarro, Mario Gómez con potencia y el equipo bávaro al completo en la estrategia, pudieron meter el miedo en el cuerpo antes al Madrid. No hubo acierto, entre otras cosas porque Casillas es más decisivo que cualquier otro portero del mundo. Simplemente porque es el que más para en los momentos claves. El Madrid estaba partido sin la excusa de la ausencia de oxígeno. Xabi Alonso y Khedira jamás se escalonaron y, además, las ayudas divinas de otras noches pocas veces aparecieron para cerrar vías de pase. Di María y Özil andan justos. Ahí, en la nebulosa entre líneas, reinó Ribéry y arrancó Robben. El mazazo estaba al caer. Y cayó. Kroos puso desde la derecha un centro medido a Mario y Pepe lo derribó antes de que machacara. El portugués sólo vio amarilla, menos mal, aunque no evitó el 2-1. Robben, que había fallado una pena máxima en la Bundesliga, cuya culpa aún arrastra, marcó por los pelos. Casillas tocó el balón pegado al palo derecho, aunque de manera insuficiente.

El resultado pudo cambiar las actitudes. Sin embargo, no hizo más que acentuarlas. El Madrid siguió generando dudas atrás y pánico arriba cuando Cristiano alzaba la mano. Benzema probó una rosca a lo Kaká que pudo traer la tranquilidad. Otro latigazo sin continuidad en el juego. El Bayern, blando en la retaguardia y vendido en medio campo con Schweinsteiger pasado de peso, siguió lanzado a por Casillas, sabedor de que cuanto más lejos esté el balón de Neuer más se muestran sus virtudes y mejor se esconden sus vergüenzas. Así, Mario Gómez volvió a fusilar a Iker con la pasividad de Ramos y Pepe. Esta vez fue un pase al hueco el que les retrató. Para terminar, Robben probó de falta en busca del empate con una mano de Pepe dudosa de la que hoy no se echará mano en los debates.

Mucho miedo en la reanudación

El regreso del refresco trajo más precauciones de las demostradas hasta el momento. En el primer cuarto de hora, un disparo cruzado de Benzema fue la única noticia del Madrid y un gran cabezazo de Mario Gómez de cabeza, la del Bayern. Mourinho pareció parar la sangría en medio campo al entender que Kroos estaba siendo clave provocando la superioridad numérica tanto en ataque como al galope. La grada estaba preocupada porque esperaba más comodidades y porque sabe que el Madrid con ventaja se duerme y se mueve mejor a la heroica. Da más miedo cuando todo parece imposible que cuando el objetivo está alcanzado.

El único madridista que a esas alturas estaba igual que empezó era Cristiano. Sus galopadas, tan eléctricas en el primer minuto del partido que en el último, mantenía intacta la amenaza del Madrid. Sólo Luis Gustavo era capaz de frenar estas y otras internadas con todas las faltas que el colegiado le permitió. El resto de protagonistas evidenciaban un agotamiento propio de esta estación. Nadie quería la prórroga, pero pocos hacían algo para remediarla. Si Di María se arrastraba, imagen a Schweinsteiger, cuya forma de correr evoca a una prórroga permanente. Si Heynckes lo aguantó, quizás fue porque conoce sus dotes en los penaltis. El técnico es un visionario y el mediocentro fue decisivo.

Mourinho metió a Kaká por si le daba por saldar su deuda con el madridismo, mientras Heynckes pareció castigar sin descanso a su once. No hizo ningún cambio en los 90 minutos, igualando así el desgaste de sus hombres a la resaca madridista del Clásico. Alguno le dio las gracias. Antes del alargue, Mario Gómez pudo desnivelar la igualdad pero se lío las piernas en el momento de sacar el estoque. Hizo un partidazo y pudo salir a hombros con algo más de acierto. El Bayern, a cinco minutos del final, también pidió un penalti tan "así, así" como el primero. No hubo sorpresas y, sobre todo, no hubo disgustos. Tocaba prórroga. Llegó la hora de la pastilla.

Un desenlace digno de dos grandes

En la tercera parte no hubo curvas. Tan sólo un pequeño detalle que el madridismo agradece a Heynckes. Ribéry se fue a la ducha. Hubo que esperar al cuarto de hora final para encontrar al rival del Chelsea. Higuaín, héroe tantas noches, suplió a Benzema, el nuevo 'killer' del Madrid. Las caras agrias de rivalidad tornaron en cómplices miradas de abatimiento. Todos ansiaban la final por profesionalidad y más de uno ya se conformaba con que acabara el agotador suspense como objetivo único.

Müller no mejoró al Bayern y Kaká estropeó al Madrid, así que el desenlace final sólo estaba a expensas de una genialidad de los de siempre. Marcelo estuvo a un paso de grabar su nombre en oro con una galopa escalofriante y Granero pidió penalti en el minuto 115. El árbitro mitró a otro lado y prefirió dejar que se vieran diez más. Ahí aparecieron los fallos inesperados de Cristiano, Kaká y Ramos, los milagros de Neuer y Casillas y el desenlace más duro para el madridismo. Neuer detuvo los dos primeros penaltis de la tanda a Cristiano Ronaldo y a Kaká y luego Sergio Ramos lo tiró a las nubes. Schwensteiger hizo el definitivo para los alemanes. Alaba y Mario Gómez marcaron los otros dos. La Décima deberá esperar. Porque el rival del Madrid hizo méritos y quiso castigar la prepotencia española de ver otro Clásico en la final, y porque sus ídolos, como en la casa de enfrente, a veces fallan.

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