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LIGA BBVA | SPORTING 3 - LEVANTE 2

Pitos para Clemente; gloria para el Sporting

El conjunto astuariano se sobrepone a un tenso ambiente, vence en un vibrante partido al Levante (3-2) y se agarra a un milagro para salvarse. El Levante desperdicia meterse en Champions.

Fernando López

Primero fue el Zaragoza el que, a base de milagros, ha confiado en la idea de salvarse. El siguiente en sumarse a la fiesta ha sido el Sporting. Empezaba la jornada a siete puntos de la salvación, linde que marca el Villarreal, pero tras un vibrante partido frente al Levante (3-2), los de Javier Clemente se acuestan a tan sólo cuatro puntos de volver a jugar en Primera el año que viene. Si no descienden, buscarán la dulce condena que otorga la idea de haber luchado hasta el final. Por otro lado, el Levante, un equipo creado para la misma misión que atarea al Sporting pero que pelea por un puesto en la Champions League, desperdició una extraordinaria oportunidad para seguir con su meteórica temporada.

El encuentro fue espectacular. Sobre todo, por el lado del Sporting, que igualó dos veces para remontar finalmente (3-2). El conjunto de Clemente, duramente criticado también por su afición, se la jugó, arriesgó con todo lo que había y se llevó con justicia un premio que el Levante apenas ansiaba. Los de JIM no quisieron en la primera parte y cuando pudieron, a mediados de la segunda, desperdiciaron sus escasas oportunidades. Lo cierto es que los de Clemente controlaron el encuentro desde el principio, jugaron al límite, conociendo que su posición no entiende otra filosofía y apenas dejaron respirar a su huésped. Si el rival va con uno, nosotros llevamos a dos. Con esa idea se plantó el Sporting en el partido. Gracias a ella visitó varias veces el área de Munúa en el primer cuarto de hora. Pero ahí gripa el conjunto asturiano. Con el balón en el área contraria, las ideas no aparecen y el equipo acaba perdiendo la pelota, la paciencia y el dominio. Precisamente a eso juega el Levante, a la contra, a matar rápidamente sin tiempo para la reacción. Sólo hay un pequeño problema. El Levante se ancla demasiado a su veloz contraataque y, cuando no dispone de él, lo paga con mucha facilidad. Eso le pasó frente al Sporting.

Los primeros quince minutos fueron un monólogo sportinguista. Las ocasiones se sucedieron sin el premio del gol. De hecho, la crueldad del fallo llegó hasta el punto de que el Levante anotó un gol en su primer disparo. Valdo aprovechó la profundidad de Javi Venta y los errores de la defensa para rematar sólo en el segundo palo un buen centro del lateral. Los nervios aparecieron en los locales. Pero la suerte cambió de lado y poco después Trejo, el mejor de su equipo, se apoderó de un balón suelto en la frontal para batir con frialdad a Munúa. La esperanza volvía a iluminar las caras en el Molinón, pero dejó el envite demasiado vivo para la segunda mitad, probablemente una de las más emocionantes del año.

Corría el minuto 61. Con empate en el marcador, Javier Clemente decidió sacar del campo a David Barral y Adrián Colunga, dos delanteros cuando el equipo necesitaba marcar. "Clemente, ¡vete ya!" era la música que sonaba en un desencantado Molinón, entregado al equipo, pero con la idea de que su técnico abandone el barco de manera inmediata. Cuatro minutos después, Koné hacía el 1-2. Los jugadores, desahuciados, no podían creer que fuesen perdiendo después de su buen partido. Pero algo pasó. Lora, que sostuvo durante los 90 minutos a su equipo, se sacó un zurdazo desde 25 metros que, después de tocar en el poste, se coló en la meta de Munúa. El 2-2 animó a sus compañeros. El aire insuflado significó vida para un equipo que mira a la muerte muy de cerca desde hace muchas jornadas. Diez minutos después, una carambola pillaba a Sangoy recién levantado del suelo cuando el balón se dirigía hacia él. El argentino, denostado por técnicos y afición, enganchó una volea que se coló ajustada al palo izquierdo de Munúa. El éxtasis llegó entonces al Molinón. En diez minutos habían pasado de estar muertos a volver a respirar. El impredecible Sporting se ha ganado su derecho a soñar.

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