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Liga BBVA | Osasuna 1 - Real Madrid 5

El Reyno fue del Madrid

Victoria aplastante de un líder sin fisuras. Dobletes de Cristiano e Higuaín y obra de arte de Benzema. El equipo ya suma 100 goles, a siete del récord.

El Reyno fue del Madrid Ampliar
CALIDAD Y PRODUCTO NACIONAL. Benzema abrió el marcador y el Madrid terminó goleando. El equipo ya suma 100 goles en Liga y acecha el récord de 107.

La victoria del Real Madrid en Pamplona debería tener un efecto decisivo en el discurrir del campeonato, en su confirmación como campeón virtual. Cuesta imaginar en dificultades a quien conquistó Pamplona de forma absoluta y atronadora, a quien fue capaz de sobreponerse a un ambiente hostil y a un rival en armas sin que se le alterara ni el pulso ni el juego. Vale mucho el triunfo del líder en el Reyno porque es un mensaje contra la esperanza del perseguidor y en favor de la moral propia. El segundo aire del Madrid se ha revelado huracán.

Ni siquiera a este grupo se le recuerdan victorias tan sólidas y conscientes, construidas desde el primer momento y hasta el último, sin una sola distracción. Cuanto logró, se lo ganó el Madrid, de cabo a rabo, industrial en las maneras y artístico en las realizaciones. Para quien crea que el equipo perfecto ha de ser una adecuada combinación de fuerza y talento, el Madrid de ayer le ofrece la dosis.

Osasuna no puede culparse de nada aunque tal vez a estas horas ya entienda que la crispación del ambiente jugó en su contra. No es la primera vez que asistimos a un caso semejante. Tanto se conjura el entorno, tantas invocaciones hay al orgullo de la raza, que los futbolistas locales confunden su estilo con la personalidad de la masa furiosa. Y las masas, ya se sabe, son escasamente templadas y combinativas.

Hacemos referencia, no obstante, a una mínima parte del problema que afrontó Osasuna anoche. Su verdadera tragedia fue oponerse a un adversario tan poderoso. No habían transcurrido siete minutos, no había dado tiempo a enervarse, cuando Cristiano imaginó un prodigio y Benzema lo dibujó: pase largo desde la izquierda y remate insólito en el segundo palo, sin dejar caer el balón, con el interior del pie y en dirección a la escuadra más improbable. Es muy posible que el gol obligue a reformular algunas leyes de la física.

Durante toda la primera mitad y buena parte de la segunda, Cristiano siguió metiendo el dedo en la llaga de Roversio, central reconvertido en lateral. Pero insisto: ese fue otro grano de arena en la inmensidad del Gobi. El Madrid ganaba cada batalla, incluidas las más inciertas. La presencia de un Granero inconmensurable cimentaba el domino en el mediocampo. Allí se cortaban los suministros a Raúl García y desde allí volaba el visitante, como si en lugar de correr vikingos lo hicieran comanches ruidosos y sanguinarios.

Dinamita. El segundo tanto lo logró Cristiano con el disparo soñado, bomba inteligente que entró por la escuadra pero igual se hubiera colado por la chimenea. El tercero lo hizo Higuaín al culminar un contragolpe con un pellizco. Después de tres goles así, el primer mérito de Osasuna fue no pedir el armisticio. El siguiente fue marcar en la reanudación y sostener durante 20 minutos el sueño de la remontada.

Hasta que se le quebraron las barreras. Cristiano repitió porque le inspira el odio (prueben a amarle y tal vez lo colapsen) y con el mismo estímulo asistió a Higuaín, que cabeceó el quinto, sumó los cien del Madrid y restó una jornada.

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