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Champions League | Bayern 7 - Basilea 0

Gómez pone la mira en la final del Allianz

El delantero hispano alemán le hizo cuatro goles a un Basilea que llegó orgulloso y salió agredido. Partidazo de los alemanes, que presentan su candidatura al título europeo.

Rubén Jiménez

Sería fácil titular diciendo que el Bayern le hizo un siete al Basilea, pero no sería descabellado viendo cómo el equipo alemán descosió a un pobre, débil e inocente equipo suizo que apareció por el Allianz. Cuatro goles de Mario Gómez completaron una noche mágica para los de Heynckes, que ya sueñan con esa final del 19 de mayo que se jugará en Múnich.

La motivación que supone jugar la final en su casa fue suficiente para que el Bayern saltara al césped del Allianz Arena a comerse al Basilea. Y se lo comió. Apoyado en los destellos de sus estrellas fugaces, Mario Gómez, Robben y Ribery, el equipo de Heynckes salió con los ojos inyectados en sangre. En apenas un cuarto de hora pudo sentenciar no el partido, sino la eliminatoria. Agredió al tímido equipo suizo hasta convertirlo en un muñeco de trapo contra el que se desahogaba sin piedad.

Cual sparring de boxeo, el Basilea se plantó en Alemania sin un plan de ataque, dispuesto a recibir y recibir golpes y a aguantar lo máximo posible antes de caer a la lona. Estrategia con la que se antoja harto complicado llegar a buen puerto cuando se pelea contra un peso pesado del fútbol europeo. En el minuto 10, un rechace dentro del área fue recogido por Robben ante la pasividad de la defensa suiza para, con la zurda y con mucha tranquilidad, colocar el primero en el marcador.

El gol le rompió los esquemas al equipo de Vogel, que no atacaba, que no defendía y que se desesperaba al ver que su estrella Shaqiri se pasaba más tiempo en el suelo y protestando que de pie y demostrando su buen juego. Con su hombre boya ahogado en un mar de camisetas rojas, el guardameta Sommer se erigió en salvador de los suyos. Durante media hora, las detuvo de todas las formas y colores.

Festín goleador de Mario Gómez

Pero Mario Gomez tenía hambre. Vio débil a la presa y se lanzó a la yugular para hacer honor a su definición de depredador del área. El tanto de Müller, de volea perfecta con el interior del pie, daba el pase al Bayern y servía de aperitivo para el festín de Gómez. El primero, aún en la primera mitad, aprovechando un pase de la muerte de Badstuber tras un lanzamiento de falta. Los tres siguientes, a pase de Ribery. Con la izquierda, con la cabeza y con la derecha. En el 50', en el 61' y en el 67'. De delantero los tres. Demasiado para una defensa suiza que fue demasiado pacífica.

Con el público enardecido y soñando con ver repetida esa exhibición de su equipo el próximo 19 de mayo, el Bayern se gustaba y el Basilea pedía clemencia. Como Santino Corleone en El Padrino, había sido masacrado, ametrallado y resultado muerto ante un aluvión de balas alemanas que no cesaba nunca. Ni siquiera con el partido más que sentenciado aminoró la marcha el Bayern, que haría el séptimo por mediación de Robben tras un gran pase de Schweinsteiger, que volvía a los terrenos de juego. Las buenas noticias se acumulaban para un equipo muniqués que presentó ante toda Europa su candidatura al título, a jugar su final. Ningún equipo lo ha conseguido desde que el Roma se topase en 1984 con los bailes de Grobbelaar y perdiese ante el Liverpool.

En una Champions sin grandes alardes entre los equipos históricos de Europa, el Bayern da un paso al frente y demuestra que, pase el tiempo que pase, la sombra roja seguirá asustando al continente con el simple visionado de su camiseta. Será el nombre a evitar en el sorteo, espoleado por esta goleada y motivado hasta los topes por la posibilidad de hacer historia delante de su público. Con Ribery y Robben afilados. Y con un Gómez en estado de gracia.

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