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champions league | bayer leverkusen 1 - barcelona 3

Bayer, bálsamo perfecto

Un Leverkusen de saldo facilitó las cosas a un Barça que mandó sin brillo en el primer tiempo y sentenció en la recta final. Con dos goles de Alexis y uno de Messi acaricia los cuartos de final.

Su nombre siempre ofrece coartada para el titular fácil relacionado con el mundo de la medicina y con la aspirina que quita dolores de cabeza, resacas, resfriados y otros males de la vida cotidiana. El problema para el Bayer Leverkusen es que esta vez su juego también. Y su actitud durante demasiados minutos. Con la bandera blanca y el miedo metido hasta los huesos, el Bayer fue la medicina perfecta para la resaca, el resfriado, la jaqueca... esos males de este Barcelona de comienzos de 2012 que no termina de ser el Barcelona. Sólo un aviso: entre sus efectos secundarios está la somnolencia, el riego de déficit de atención. El partido hizo poco por saciar el hambre de Champions tras el parón invernal. Culpa del discreto momento del Barcelona pero culpa sobre todo de las limitaciones y los complejos del Bayer Leverkusen, antítesis de lo que históricamente ha sido un equipo alemán; La horda, la manada rugiente.

Es raro que el técnico que se mide al Barcelona no lo reciba entre halagos y humilde reconocimiento de inferioridad. Dutt no es el primero que reconoce que ganarle sería un milagro pero mientras que, aunque la mayoría lo piense, algunos esconden en el elogio sumiso el cuchillo de la emboscada, otros sólo airean lo que en realidad es un miedo reverencial. Es el caso de Dutt, que ni confiaba en su equipo ni se tomó en serio las últimas penas pasadas por el Barcelona. El primer tiempo de Leverkusen fue una oda al pánico, un canto a la necedad de quien pone una eliminatoria de 180 minutos en manos del accidente más improbable. Esperó al Barcelona en su campo, sin presionar y sin más recurso que la acumulación cerca del área. Una bendición para un Barça que dedicó esa primera parte de bostezo eterno a remendar heridas y ganar confianza y seguridad. Cuando marcó Alexis en el minuto 40 la posesión era azulgrana hasta el 78%, Leverkusen había dado 54 pases por los casi 350 del equipo de Guardiola. Así que el gol, el excelente pase de Messi y la carrera de cuarenta metros y la definición perfecta de Alexis, fueron más un castigo a Dutt que un premio a un Barcelona mandón y correcto pero plano y funcionarial: sin magia ni quinta velocidad, con Iniesta sin ritmo, Messi opaco (asistencia aparte) y Adriano desaparecido.

El segundo tiempo maquilló el partido, dio una capa de barniz algo más lúcido a lo que tuvo que ser y apenas fue una batalla de Champions y mejoró el espíritu de Leverkusen, que llegó a empatar en su primer remate y creó otras dos ocasiones con una presión más avanzada y un juego primitivo basado en pases largos y balones colgados. Acabó sentenciado y casi goleado por los espacios que dejó atrás y por sus pésimos fundamentos colectivos pero al menos puso algo de gallardía a la crónica de una muerte anunciada. Alexis marcó el segundo tras otro gran pase, este de Cesc, y otra definición que aunó calidad y potencia, y Messi se quitó el mal fario cerca del final con un remate a bocajarro. Antes dejó sus mejores minutos en muchos partidos, con el Leverkusen partido y metros por delante. Disparó al palo, regateó y repartió juego en contras que activaron a Pedro, que sustituyó y mejoró (mucho) a Adriano, otra vez lesionado.

Así que el Barcelona de la crisis en Liga y la sobrecarga física y anímica está en la final de Copa y con más de un pie y medio en cuartos de Champions. Lo que queda, porque el carácter competitivo nunca se fue, es recuperar fuerzas, confianza y toneladas de magia. Volver a ser el Barcelona absoluto aunque este tan obrero sirva para darse garbeos por campos de Europa como este Bay-Arena más coqueto que peligroso. Cuando recupere tono y ánimo, al Barcelona no le hará un equipo como el Bayer un gol y dos ocasiones (bien salvadas por Valdés, una con ayuda del palo) en tres llegadas y en el área contraria producirá quizá no más goles pero sí muchas más ocasiones. Jugar más rápido, jugar con más profundidad, jugar mejor; conceder menos y crear más, encajar menos y marcar más: volver a ser el Barcelona. Su momento actual lo define menos el césped y más la grada: allí estaban Xavi lesionado y Piqué por decisión de Guardiola. Querer y no poder, poder y no querer.

Lo mejor fue el regreso de Iniesta en busca de rodaje, la fuerza de Alexis, la solvencia de Cesc en la línea de creación, la aportación desde el banquillo de Thiago y Pedro y la insistencia colosal de Messi, que derribará muros hasta que encuentre, detrás de alguno, a las hadas que ahora le asisten con cuentagotas. Volverá Xavi y volverán seguramente el desborde y la seguridad defensiva. Volverá, cuesta creer lo contrario, el Barcelona y cuando lo haga se verá ya en cuartos de la Champions. Y entonces serán los demás los que estén en problemas...

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