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Liga BBVA | Valencia 2 - Real Madrid 3

Un Soldado ante un ejército

Arreón de orgullo del Valencia frente a un gran Real Madrid. Se reclamó penalti de Higuaín en el añadido, pero repelió el balón con el pecho

Un Soldado ante un ejército Ampliar
ENCUENTRO TENSO. Ramos y Pepe ponen paz entre Soldado y Xabi Alonso en uno de los muchos piques que hubo en la segunda parte.

No fue ala, fue pechuga. El balón de la última jugada, el tiro de Soldado, salió repelido por el pecho diestro de Higuaín, de esa zona donde se nos recuestan los amores dóciles. Habrá debate, no obstante. Llegarán nuevas imágenes y todavía faltan las del satélite que pasaba por allí. Se comprende la desesperación del Valencia, heroico en el último tramo, tan cerca de empatar un partido imposible. Al menos le queda un consuelo: perder así deja abierta la esperanza, leve, de que el árbitro pite penalti en alguna repetición.

Honrado el perdedor, toca rendir armas ante el Madrid. Será complicado que no sea campeón siendo tan sólido. Campeón de lo que se proponga, de ajedrez o sogatira. También de fútbol. Su capacidad para cambiar de fisonomía sin perder efectividad demuestra la exuberante riqueza de su plantilla y su adaptación a cualquier dibujo. El resultado es un equipo que parece inabordable técnica y físicamente.

Parece, digo. El inmenso valor del Valencia fue romper sus cadenas en la segunda parte y convertir la certeza en apariencia. Lo hizo a martillazos, como corresponde, pero también con fútbol. Lo hizo con Jonas, enorme ventaja que Emery concedió de inicio al rival. Y lo hizo con esa extraña pareja que forman Jordi Alba y Mathieu; nunca queda claro quién se sube a los hombros del otro.

Más que el láser (abundante), al Madrid le confundió el amarillo de las tarjetas y el encarnado de algunas patadas. Cuando quiso volver al juego se halló ante una curiosa situación: se sintió por detrás aún yendo por delante. Cada gol de Soldado le generó una angustia que sólo disipó el pectoral de Higuaín.

Temible.

Qué ganas tenía Soldado, por cierto. Y qué peligroso resulta un buen delantero con ganas de marcar y mandar mensajes al mundo. Él evitó la placidez que presumía el Madrid cuando Sergio Ramos cabeceó el segundo gol, picadito y al palo. Su pura insistencia de ariete herido dejó en anécdota el primer tanto de Benzema, una maravilla que combinó, casi en el mismo movimiento, un control excelente con la diestra con un empalme letal con la zurda; todo sin dejar caer la pelota, tan sobrado como si jugara con un globo fofo o con dos calcetines anudados. Soldado lanzó una palada de orgullo sobre esas perlas engarzadas.

No, el Valencia no se equivocó mucho, sólo lo justo. En el citado gol de Benzema se distrajo mortalmente. Xabi sacó desde el centro del campo con rapidez al observar que el ejército enemigo se empolvaba la nariz. En el gol de Cristiano fue Diego Alves el culpable. Salió al encuentro del galgo sin saber si despejaría con manos o cabeza, aterrado por el área que se le agotaba. El caso es que pasó de largo y regaló un gol a quien le sobran.

El resto es historia. Lass estuvo magnífico y se entiende el indulto de Mourinho a sus escarceos veraniegos. A Lass hay que perdonarle los cuernos aunque sean de alce. Khedira, como efecto del trivote, se encontró varias veces en situación de marcar. No lo logró, seguramente porque sintió más miedo que el que portero al que apuntaba. Meras anécdotas en comparación con el último grito de Afrodita salvadora: pechos fuera.

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