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Leo Messi ajusta cuentas

El Barcelona se mete en octavos con un triunfo cómodo y lleno de símbolos: 200 partidos de Guardiola, 201 goles de Messi y récord de imbatibilidad de Valdés, que superó a Miguel Reina.

Fue un partido más ante un rival menor más. El Barcelona ganó otro partido de exigencia moderada ante otro rival que le exigió un puñado de minutos y claudicó después, golpeado por la cruda realidad. Fue además el partido que metió al Barcelona en octavos de final, un trámite ante el nivel de este equipo y vista la composición del grupo. Pero fue sobre todo un día para la numerología y el simbolismo: Guardiola sumó 200 partidos en el banquillo, Messi sumó sus goles 200, 201 y 202 con la camiseta del Barcelona y Valdés batió la marca de imbatibilidad (eran 824 minutos, ahora son 877) de Miguel Reina.

Más: Puyol y Piqué volvieron a formar juntos en el once inicial y el Barcelona presentó la defensa de gala, antes habitual y ahora exótica: Alves, Piqué, Puyol y Abidal no eran la retaguardia titular desde el último partido de la primera vuelta de la pasada Liga. Y más: Cesc, Piqué y Messi no estaban juntos en un once desde que lo hicieron con el cadete del Barcelona: las cosas que hacen único a este equipo. Todo eso adornó un triunfo por lo demás rutinario del Barcelona. Eso, los minutos que tuvo Alexis en su regreso, el descanso por precaución de Xavi, la tercera suplencia seguida de Iniesta y la tercera titularidad seguida de Cuenca o el día libre para Villa, que vio el partido en la grada.

El partido, en realidad, fue la metáfora perfecta, por récords y marcas, de que el Barcelona existe por su centro del campo pero empieza en Valdés y acaba, por supuesto, en Messi. Y conviene hablar de Valdés porque no solemos hacerlo o no lo hacemos tanto como seguramente deberíamos. Lleva mucho tiempo al nivel de los mejores del mundo en su puesto y se ha acostumbrado a ser héroe silencioso e improbable. No decide las victorias pero las facilita con paradas descomunales, muchas veces en los minutos iniciales y con el partido todavía vivo. En Praga, porque no podía haber récord sin escenificación del mismo, evitó el susto al cuarto de hora cuando salvó un mano a mano en el que a Ptrezela se le hizo vino encima la noche ante un portero en plena madurez: concentrado, ágil y lleno de fundamentos y talento. Un portero extraordinario.

Messi, por su parte, hizo lo que suele; divertirse, jugar al fútbol en todo el sentido de la frase y marcar goles. El 200 con la camiseta del Barcelona llegó tras un penalti clamoroso, hubo otro no pitado a Fábregas, que evitó su remató franco y expulsó con excesivo rigor a Cisovsky. Maradona, para los amantes de las casualidades que no lo son tanto, también marcó su gol 200 en el fútbol de clubes desde el punto de penalti. El 201, al borde del descanso, fue marca de la casa: ruptura en vertical, pared en el área (con Adriano esta vez) y remate letal. El 202 llegó sobre la hora y tras taconazo de Piqué. Messi suma y sigue y ha cerrado con seis goles en dos partidos los debates artificiales que, o eso parece, no le quitaron ni un ápice de sueño. Ante el Viktoria en el Camp Nou se quedó sin ver puerta entre adornos, postes y paradas. En Praga ajustó cuentas con tres goles. Y pudo marcar, al menos, otro tantos.

Del Viktoria no hay demasiado que decir. Vivió hasta el 0-1 y la expulsión, apenas un cuarto de partido, de ese magnífico carburante que es la ilusión. Es un equipo atrevido, rápido, con un plan de juego que le vale en su campeonato pero que no tiene forma de sobrevivir ante el Barcelona. En los primeros minutos presionó arriba, tocó el balón rápido y llegó al área con la citada ocasión franca, muy franca, que salvó Valdés. Ahí se vio a un Barcelona sosegado que sujetó el partido, esperó su momento, recuperó el balón, marcó, remachó y durmió el partido. Un esquema muchas veces visto que se basa en la superioridad aplastante y que sólo tuvo el lunar de que la pareja Piqué - Puyol empezó el partido con unos síntomas de oxidación que no tienen más explicación que la falta de minutos. Y que con minutos desaparecerán.

El partido, con treinta minutos intensos y sesenta de perfil bajo, dejó además del décimo tercer 'hat trick' de Messi, otro gol de un Cesc que fue de menos a más y que volvió a mezclar de fábula con Messi: el Barcelona juega sin '9' y a la vez juega con dos. Y dejó otro partido silencioso pero soberbio de Busquets, la enésima reafirmación de Thiago y la segunda consecutiva de Cuenca, adaptado al perfil de extremo clásico y con seda, él sirvió el tercer gol, en los centros. Adriano y Alves, que vio tarjeta y no jugará en Milán, entraron en juego poco e hicieron poca falta. El Barcelona anduvo sobrado sin Xavi e Iniesta y eso, más allá de la poca exigencia del rival, siempre es una buena noticia, crédito para un bloque que ya está en octavos con la dirección de Guardiola, el candado de Valdés y la categoría nuclear de Leo Messi, 202 goles y sumando.

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