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BAYER 2 - VALENCIA 1 | LIGA DE CAMPEONES

El Valencia se complica la existencia en tres minutos

El Bayer Leverkusen remonta al equipo de Emery con goles de Schürrle y Sam tras haberse adelantado Jonas. Los octavos, lejos.

DAVID F. SANCHIDRIÁN

El Valencia se asfixia por méritos propios y el tiempo corre peligrosamente en contra. El dominio abrumador de la primera parte quedará en el olvido por culpa de tres minutos. Los que necesitó el Bayer Leverkusen para voltear el encuentro o los que tardó el Valencia en tirar a la basura el impecable planteamiento y vistoso juego de la primera media hora de juego. Fueron minutos de acoso total a la portería de Leno, engalanado con una lección de pizarra. Pero los pupilos de Dutt se pusieron las pilas antes del descanso y certificaron la remontada al inicio del segundo acto.

Por suerte o por desgracia, Valencia y Bayer están condenados a un duelo mortal porque sólo uno seguirá vivo en la Liga de Campeones el próximo seis de diciembre. El Genk parece descolgado y el Chelsea, en teoría, no debería distraerse. Por eso ambos duelos tomaban un cariz vital para las aspiraciones de un Valencia que se presentó con todo en el Bayarena. Regresó Diego Alves a la puerta, Banega recibió el indulto de Emery y Jonas pidió turno en la delantera para rescatar la mejor versión de Soldado. Desde el primer minuto de partido el Valencia quiso atosigar a su rival y lo consiguió de dos formas: aprovechando las bandas, sobre todo la zurda donde más sufría la zaga alemana, y haciendo de las jugadas a balón parado un tormento para el rival. Emery da buen uso a la pizarra tal y como se comprobó en la primera mitad. Banega hacía las señas y el resto se identificaban con él. Se vio perfectamente en los dos primeros saques de esquina pero se plasmó a la perfección tras una falta sacada en corto por Banega, Soldado salió a recibir para dejar de tacón a Jordi Alba, que no pudo batir a Leno.

El baño del Valencia era de aúpa. Los de la cuenca del Rhur no eran capaces de tapar los taladros valencianistas y se acabó encontrando con un boquete de dimensiones insalvables. Concretamente en la parte trasera y al lado derecho, donde debía taponar Castro. Ahí tuvo lugar la perforación del Valencia. Mathieu se anticipó a la endeble defensa germana y el balón lo recogió Soldado para dejar el tanto en bandeja a Jonas.

Todo salía a pedir de boca en el Valencia. Era un monólogo futbolístico conjugado con una fuerte presión y un extraordinario criterio a la hora de crear. Esa superioridad menguó según se acercaba el descanso. Tras los avisos de Soldado y Pablo Hernández, los alemanes adelantaron sus líneas y consiguieron meter el miedo en el cuerpo del valencianista. Por suerte, Diego Alves también estaba inspirado. El ex del Almería, al igual que hizo ante el Chelsea, hizo gala de sus reflejos en dos jugadas consecutivas. Desvío a córner un disparo lejano de Schürrle y sacó, in extremis, el remate de Kiessling.

El Valencia consiguió llegar indemne al descanso pero se desplomó en los primeros minutos de la segunda parte. Como si los de la ribera del Rin se hubieran quedado en el terreno de juego esperando ansiosos a su rival mientras Emery daba las órdenes. El centro del campo 'che' se vio superado por Rofles, Bender y Ballack y todo el trabajo realizado se fue a la basura en tres minutos. Empató Schürrle con un golpeo elegante tras recibir un centro desde la izquierda y Sam certificó la remontada con un golpeo cruzado a la escuadra de la meta de Alves, aunque medio gol se lo podrían dar al incombustible Ballack por el pase que metió en la contra del conjunto de Leverkusen.

Thomson se traga un penalti de Kadlec

Canales y Feghouli entraron para arreglar el desaguisado. La opción de Canales dio mayor consistencia al medio del campo pero el Valencia no llegaba a arrancar con la misma solidez de la primera parte. Por si fuera poco el colegiado Craig Thomson pasó por alto una mano de Kadlec dentro del área. La última baza de Emery fue meter a Aduriz por Albelda pero ni con toda la artillería pudieron rascar algo de Leverkusen. Las calculadoras valencianistas echan humo antes de tiempo por tres fatídicos minutos y también en gran medida por el traspiés en Genk.

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