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Ronaldo, la sonrisa del fútbol

Dos mundiales con Brasil, títulos con Real Madrid, Barcelona e Inter, dos veces Balón de Oro, tres FIFA World Player y 420 goles son algunas de las brillantes cifras que adornan su carrera.

Manuel Salinero

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Ronaldo ganó en dos ocasiones el Balón de Oro.

El 14 de febrero del año 2011 figurará en los archivos del fútbol como una de esas jornadas tristes en la historia mundial de este deporte, de todo el deporte. Pese a San Valentín, y pese a los enamorados, este es un día amargo por el anuncio de la retirada de uno de los mayores tesoros que ofreció este deporte para alimentar los sueños de los aficionados.

Un sueño encarnado en futbolista que nació en los barrios humildes de su querido Río de Janeiro hace 34 años y que disfrutaron desde el Bernabéu al Camp Nou, desde la pragmática Italia a la exuberante hinchada brasileña, una obra de arte que embelesó a todo el planeta por igual más allá de colores y camisetas, en lo que fue un goteo incesante de ilusión desbordante concentrada en las botas de un niño que fue feliz en los campos, nacido por y para el juego, y al que sólo las malditas lesiones impidieron seguir regando con su magia y su alegría el orbe futbolístico. Un delantero único al que los campos ya echan de menos, un genio del balón que deja algo huérfanos los corazones.

Dotado de unas cualidades excepcionales, imprevisible y mágico con el balón en sus pies, potente y veloz a partes iguales, demoledor, imparable y certero en su cita con el gol, estableció con este una simbiosis cuasi natural.

Ronaldo Luiz Nazario de Lima vino al mundo el 22 de septiembre de 1976 en el suburbio de Bento Riberio, uno de las zonas más pobres de Río, en el seno de una familia humilde cuya madre se esforzó por apartar a sus tres pequeños del destino escrito para los hijos de las favelas.

Antes de los diez años ingresó en su primer equipo, el Tennis Club Valquerie, donde empezó como portero de fútbol-sala, una broma del espléndido futuro que le aguardaba y en el que influyó decisivamente el mítico Jairzinho, la leyenda del fútbol brasileño gracias a la cual pudo dar el salto al Cruzeiro con 17 años tras impresionar con sus habilidades en equipos y categorías inferiores; con tan solo 16 años ya había marcado 59 goles en 57 partidos con la selección brasileña sub-17, lo que avala su debut con la absoluta en diciembre de 1993, cuando sustituye a Bebeto en un partido frente a Argentina, siendo seleccionado por Carlos Alberto Parreira para el Mundial de Estados Unidos de 1994, donde se conquistó su primer título mundial, aunque no llegó a disputar ni un solo minuto.

Aún así, su destino estaba sellado y el PSV se lo llevó a Holanda ese verano para catapultarle al Olimpo futbolístico durante tres temporadas, hasta 1996, cuando es traspasado al Barcelona a cambio de 20 millones de dólares, el traspaso más caro del fútbol español en su momento. Con el Barça firmó por ocho años y 250 millones de pesetas por temporada, pero bastaron sólo unos partidos para confirmar que el fútbol asistía a la creación de un mito.

Su explosión en España convirtió su estancia en Barcelona (con el que firmó 34 goles en Liga y conquistó la Recopa de Europa y su primer Balón de Oro) en una fugaz aventura rumbo a Italia. En el verano de 1997 Ronaldo cambió el Camp Nou por el Inter de Milán, el equipo donde comenzó su calvario de lesiones. Con la escuadra neroazzurra ganó la UEFA, pero apenas pudo brillar y la presión empezó a hacer mella en su carrera, tanto que la Copa del Mundo de 1998 será tan recordada por la exhibición de Zidane como por la extraña convulsión que sufrió Ronaldo antes de la final que Brasil perdió ante Francia.

Prácticamente desaparecido de los campos, reaparece en la final de la Copa de Italia disputada entre el Lazio y el Inter de Milán el 12 de abril de 2000; la imagen de un Ronaldo desplomado sobre el césped tras una carrera con Fernando Couto aún permanece en el subconsciente de los aficionados. Nadie le tocó, nadie le hizo falta, pero los tendones de su rodilla derecha se resquebrajaron y Ronaldo se lesionó de gravedad.

Sometido a la dictadura del gimnasio para recuperar su rodilla, la figura de Ronaldo se desvanece entre fiestas y actos extradeportivos en los que es idolatrado, pero en los que el jugador echa cada vez más en falta su relación con el balón.

Convertida ya en asunto de interés mundial y con todos los focos apuntando a su rodilla, su esperadísima reaparición con el Inter se produjo el 19 de agosto de 2001. Antes de finalizar el año volvió a padecer problemas musculares y necesitó varios meses de adaptación para volver a jugar, lo que sembró serias dudas sobre su rendimiento de cara al Mundial de Corea y Japón de 2002. Sin embargo, en la cita asiática Ronaldo demostró por qué estábamos ante una de las grandes estrellas de todos los tiempos: lejos de aquel físico con el que impresionó en el Barcelona, más pesado y lento de lo que se espera de un gran delantero, Ronaldo asombró al mundo con unas cualidades tan innatas como extraordinarias que llevaron a Brasil a levantar su quinta Copa del Mundo gracias a sus dos goles en la final ante Alemania, un torneo del que fue máximo goleador.

El gran Ronaldo había vuelto, y en el Real Madrid se confirmó. En el verano de 2002 el conjunto blanco le fichó del Inter por 45 millones de euros. Junto a jugadores de talla mundial como Zidane, Figo, Roberto Carlos, Raúl, Beckham, Owen o Casillas entre otros, Ronaldo formó parte de 'Los Galácticos', con los que conquistó una Copa Intercontinental, una Supercopa de Europa, una Liga Española y una Supercopa de España, siendo proclamado Pichichi del campeonato con 24 goles. Sobre el césped del Bernabéu Ronaldo recogió su segundo Balón de Oro (1997 y 2002) y el tercer premio FIFA al mejor jugador del planeta (1996, 1997 y 2002).

Determinante durante toda su etapa madridista, 'Il Fenómeno' alcanzó sus últimos grandes momentos vestido de blanco, cuatro años en los que repartió magia y felicidad entre el público del Bernábeu y el de todos los campos españoles, un tiempo de felicidad que se truncó con la eclosión del Barcelona de Ronaldinho y la llegada de Fabio Capello al Real Madrid, circunstancias que provocaron su salida en el mercado invernal en 2007 rumbo al Milan.

Entre tanto, sufrió la decepción de su última Copa del Mundo con Brasil, la de 2006 en Alemania, cita en la que no brilló lastrado por su exceso de peso y la mala forma física, pero en la que siguió ampliando su palmarés al convertirse en el máximo goleador en la historia de la Copa del Mundo con 15 goles en cuatro torneos, superando el récord de 14 que durante 32 años ostentó el 'Torpedo' Muller.

De nuevo en Milán y de nuevo las lesiones, que reaparecieron en Italia como si de una maldición se tratara. Vestido de rossonero sufrió la rotura del tendón rotuliano de su rodilla buena, la izquierda, una grave lesión que le apartó del fútbol durante nueve meses y enturbió sus relaciones con el Milan, que finalmente optó por dejarle regresar a su país, a su casa.

Ronaldo fue traspasado al Corinthians en diciembre de 2009, el ansiado retiro dorado en el que pretendió vivir una segunda juventud, pero donde finalmente se ha enfrentado a la realidad, la del paso del tiempo que nada perdona, pero que ya guarda para siempre el recuerdo de un jugador maravilloso que ocupa uno de los puestos de honor en los altares del balón.

A sus 34 años y con un extraordinario palmarés en sus vitrinas que coronan 420 goles en 616 partidos, se retira el futbolista de la sonrisa eterna, el que hizo de la alegría su forma de entender el juego de la pelota, ese balón que un día hizo realidad su sueño de ponerse a los pies de un niño grande llamado Ronaldo.

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