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"El día de mi debut acabé en el calabozo"

Vive en Alicante y desde que colgó las botas, Miguel Bernardo Bianquetti, Migueli, no ha vuelto a jugar un partido de fútbol. Puso en pie el Camp Nou gracias a su pundonor y honradez que le llevaron a jugar 549 partidos oficiales con el Barça. Hoy Xavi se pone a la altura del mito.

Hoy Xavi le iguala como jugador con más partidos oficiales disputados con el Barça. ¿Cómo se siente?

Pues me siento muy feliz, sinceramente.

¿No me diga que no le duele un poco perder este récord?

En mi vida, y lo pueden corroborar todos los que han estado a mi lado, si algo no he sido es egoísta. Me alegro mucho por él. Los 549 partidos no son lo importante, lo importante han sido las experiencias vividas en el Barça. Esas 16 temporadas han sido un privilegio. Nunca nadie me regaló nada y yo nunca pensé que podía llegar a esa cifra.

¿Recuerda su primer partido con el Barça?

Perfectamente. Fue en La Romareda de Zaragoza. Tenía 18 años y del campo fui al calabozo.

¿Perdón?

Es una historia rocambolesca. Estaba yo haciendo la mili en Cádiz, había acabado el campamento y me dieron el permiso consiguiente. Yo hablé con el entrenador y aproveché el permiso para jugar. Pero ni el delegado ni yo sabíamos que para poder salir de la Región Militar necesitaba otro permiso especial. Yo sólo quería jugar y ni me lo planteé. Me planté en Zaragoza, jugué y cuando me incorporé de nuevo a filas, al calabozo un mes.

¿Hubo mucho lío?

Muchísimo. Los del Zaragoza querían impugnar el partido y ya en el campo a los cinco minutos trataron de que me fuera del terreno de juego. El señor Vilaseca, que entonces era directivo del Barça, les convenció para que me quedara. Hay que decir también que el mes entero no lo cumplí. Se apiadaron de mí.

¿Cómo es que acabó en el Barça?

Yo jugaba en el Cádiz y tenía ofertas del Madrid, del Barça, del Valencia y del Sevilla, pero me decidí por el Barça porque Domingo Balmanya me comió la cabeza para que fuera al Barça. Nunca me arrepentí de ello.

El primer partido fue movido. ¿Cómo fue el último?

Muy emocionante. Fue el día de mi homenaje. Pero ya estaba muy tarao por entonces. Apenas podía con la rodilla.

¿Se fue porque ya no podía más?

Así es. Era la primera temporada del Flaco como entrenador y me llevó a la concentración de Papendal. Al segundo día de entrenamiento no podía levantarme de la cama del dolor. Y lo más grande es que Cruyff se creía que hacía cuento.

¡No me diga!

Como lo cuento. Era una época complicada con mucho lío después de lo del Motín del Hesperia y habían hecho limpia de veteranos. Cruyff se pensó que yo le estaba tomando el pelo.

¿Y qué le dijo?

Que parecía mentira que me hubiera tenido como compañero. Él sabía perfectamente que yo había jugado muchas veces lesionado. Me molestó bastante.

¿Se ha arrepentido alguna vez de jugar lesionado?

Nunca. Lo volvería a hacer. He jugado una final con la clavícula rota, con dientes rotos, con infiltraciones por todo el cuerpo y casi con media oreja colgando.

¿Qué diferencia había entre el Cruyff jugador y el Cruyff entrenador?

Como jugador era un gran compañero. Se preocupaba de nosotros. Un líder próximo y bromista, pero cuando eres jefe ya es otra historia.

¿Ha vuelto a hablar con él?

No. Ya dije que cuando quiera que me llame, pero que yo de tres a cuatro hago la siesta.

Su historial de lesiones desmiente su fama de duro. ¿Le han dado más que ha dado?

No nos engañemos, yo he dado, pero a mí me han dado mucho. He tenido que pasar cuatro veces por el quirófano y me han partido la ceja, el labio y la oreja muchas veces.

¿La oreja?

Tú no sabes los codazos que me he llevado por esos campos.

¿Se refiere al incidente con White en el estadio del Aston Villa cuando salió del campo con la camiseta empapada en sangre?

No especialmente. Eso fue un lance del juego. Saltamos en un córner, él me dio y sangré como un gorrino, pero no hubo para tanto.

¿Cuál fue el partido más duro que jugó?

El de Yugoslavia, en Belgrado, con España en el que le tiraron la botella a Juanito. Aquello fue salvaje. Iban a saco.

¿Ganando el Mundial se ha hecho justicia a todos los internacionales como usted que no tuvieron tanta suerte?

Puedo hablar de la Selección de mi época. Era muy buena. A esa selección no se le hizo justicia. Tenía una clase tremenda, pero en el Mundial de Argentina se hizo todo mal.

¿Por ejemplo?

Pues el sitio de concentración. A 50 kilómetros de la nada en una cuadra habilitada como residencia de futbolistas que se llamaba La Martona. Eso era inenarrable. Hacía un frío impresionante y no teníamos calefacción. Yo dormía con chándal y cuatro mantas encima.

Y encima, pasó lo del gol de Cardeñosa

Yo estaba ese día en el banquillo. Me quería morir. Él más, claro, pero esas son cosas que pasan.

¿Quién ha sido el jugador más duro al que ha marcado?

El Lobo Diarte. Por cuerpo y por movilidad. A mí los que me daban más problemas eran los rápidos. Con los tanques disfrutaba mucho marcándolos.

Diga nombres

Con Joe Jordan, un escocés al que le faltaban la mitad de los dientes; nos dábamos durante todo el partido y al final nos abrazábamos. Luego estaba Amiano, que era de los duros, y también disfruté mucho marcando a Toshack. El otro día me lo encontré por Barcelona y ¿sabe que me dijo?

No

Qué aún le dolía una patada que le di jugando contra el Liverpool. A mí me dolían sus codazos.

Después de jugar al lado de Cruyff, jugó con Maradona. ¿Quién era mejor?

Diego era un compañero increíble y un jugador superlativo. Entre él y el Flaco no sabría con quién quedarme, pero el mejor de todos es Messi. Es increíble. Nunca he visto a uno como él. Va a ser el mejor de todos.

Con Maradona se vio envuelto en esa tangana infame en la final de Copa contra el Athletic

En esa final de Copa lo que yo quise era cuidar a Diego. Íbamos a mil, la cosa venía calentita de partidos anteriores tras la lesión de Diego y los cruces de declaraciones y se lió. Creo que todos nos arrepentimos y nos avergonzamos de lo que pasó.

¿Quién fue su mejor compañero?

Echo mucho de menos a Javier Urruti, que era una persona maravillosa y un gran amigo. Le echamos mucho de menos. Este detalle que ha tenido ahora la junta conmigo se lo quiero dedicar a él.

¿Y con que compañero se ha entendido mejor en el campo?

Dejando a un lado a Cruyff y Diego, que eran los mejores, gente de esa a la que le das la pelota cerca del área y ya sabrán qué hacer. Con quien mejor me entendía, porque jugamos muchísimos partidos juntos, era con Alexanko.

¿Qué entrenadores recuerda con más cariño de los que ha tenido?

Menotti y Venables, sin ninguna duda.

Con Menotti, porque entrenaban por la tarde, ¿no?

Eso es una anécdota, pero el argentino fue el primero que nos dio una idea de juego de toque, que descubrió jugadores y a mí me cambió totalmente la manera de jugar. Yo era un central que no pasaba nunca del centro del campo más que para ir a rematar los saques de esquina. Menotti me dio la responsabilidad de sacar la pelota desde atrás, de hacer pases largos y cambió totalmente mi manera de jugar. Me hizo mucho mejor.

¿Y Venables?

Venía con ideas nuevas. Como la presión al rival en su campo. Era el mejor trabajando las jugadas de estrategia, cosa que no se hacía en España por aquel entonces y era un gran motivador. Lo hacía como nadie.

¿Pero si no hablaba una palabra de castellano?

Ya, eso es lo más grande. No hablaba ni papa de español, pero estaba Graham Turner, que ahora está en la UEFA, que le ayudaba. No sé cómo lo hacía, pero nos entendíamos.

Ha llegado el momento de que me hable mal de alguien. ¿Con quién no volvería a trabajar?

Con Lattek. Me pasé todo un año sin jugar. Nunca me miró a la cara ni me dio explicaciones de por qué no me ponía. Al final me puso en la final de la Recopa en el Camp Nou ante el Standard de Lieja.

El famoso partido de la entrada a Tahamata...

¡Qué bueno era!. Nos estaba llevando por la calle de la amargura. Le marcaba Manolo y yo le decía: "Manolo, átalo en corto que el chino nos la lía cada vez". Entonces, en una jugada que se iba por la banda, el árbitro paró el juego, él siguió corriendo y yo, que iba lanzado a hacer la cobertura, le pillé y voló un poco. Íbamos los dos muy rápido, pero no hubo mala intención. Eso sí, no tocó más el balón en todo el partido. Era una final.

¿Se siente más reconocido ahora con esta nueva directiva?

Yo el cariño de la gente del Barça lo he notado siempre. Lo que pasa es que esta directiva ha querido recuperar a una serie de gente que parecía que en anteriores etapas no contaba tanto, pero repito que yo siempre le voy a estar agradecido al Barça porque me lo ha dado todo en la vida.

Tengo una duda, ¿por qué ahora ya no hay jugadores con bigote como antes?

Serán las modas, pero es verdad que antes habían más.

¿Un central con bigote impresiona más?

Al principio yo no llevaba el bigote y fue el gran Ángel Mur el que me dijo que me lo dejara para impresionar. También me dejé barba durante un tiempo. Luego me la afeité, pero el bigote es intocable.

Es toda una seña de identidad como la de su apodo, 'Tarzán', ¿quién fue el primero en llamarle así?

Juan Carlos, Milonguita, Heredia. Un tipo maravilloso y un gran jugador. Lo dijo en un entrenamiento y se me quedó para siempre.

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