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Más bonito y con el mismo final

Liga BBVA | Real Madrid 2 - Atlético 0

Más bonito y con el mismo final

Más bonito y con el mismo final

La pegada del Madrid y su salida en tromba decidieron un gran derbi. Marcaron Carvalho y Özil. Mateu no pitó un penalti de Xabi Alonso y otro de Simao. El Atlético dio buena imagen

La salida en tromba del Madrid dejó en la práctica resuelto el derbi en dieciocho minutos. Fue un ataque vertiginoso, ante un Atlético encogido y asustadizo, que no veía forma de parar aquello. Esa salida y el dos a cero que produjo dieron la impresión de que aquello podría ser una carnicería. Pero cuando menos se esperaba, el Atlético se rehízo, empezó a jugar, primero bien, luego muy bien y hasta a llegar, y a llegar con peligro. En lo que va de temporada, no se había visto al Atlético jugar tan bien, ni al Madrid tan desarticulado como llegó a estar por momentos en esa fase de la primera parte.

Incluso en la segunda tuvo el mando en buenas fases el Atlético, ante un Madrid que se protegió y confió a los contraataques la eventualidad de un tercer gol. De modo que aunque el Atlético perdió, en cierto modo puede sentirse renacido. Puede quejarse además de una jugada equívoca previa al gol de Carvalho (aunque yo creo que Reyes se tira) y hasta reclamar penalti por una mano de Xabi Alonso en el área, si bien después hubo otro en el área contraria de Simao a Di María. Pero, con todo, el Atlético sale del Bernabéu con buena cara, acreditado después de pararle los pies al Madrid tras el 2-0.

Por su parte, el Madrid sale victorioso y líder pero, igual que en Milán, tuvo un rato de sesteo que extrañó. Allí encajó dos goles en sendos accidentes y reaccionó. Ayer no encajó goles y no tuvo que repetir aquel sobreesfuerzo final, pero en un caso y otro dio cierta sensación de abandono del partido antes de tiempo. Como si decidiera economizar, una vez puesto el marcador claramente a favor. En todo caso, fue un derbi hermoso, con todos los jugadores entregados y muchos acertadísimos, ida y vuelta, jugadas polémicas, postes, paradas y nobleza, dentro del frenesí. Un derbi de los de toda la vida.

Pisaremos 2011 y el Atlético seguirá sin ganarle al Madrid. Y es que el derbi tuvo el trazado de casi siempre: llano para el líder y de escalada imposible para su vecino, que llegó disfrazado de pesimista y se marchó con mejor cuerpo y ningún punto. Pero para llegar a lo de casi siempre disfrutamos de un partido al galope, con un ataque relámpago del Madrid y dignísima respuesta atlética, con dos penaltis no pitados, con un ritmo que cansó la vista. El partido resultó un gran anuncio para el fútbol, una gozada.

Un derbi es como una casa encantada: está abierto siempre lo inesperado. A un gol de Carvalho en posición, funciones y definición de ariete, sin ir más lejos. Sucedió a los doce minutos, pronto, cuando se suelen fraguar los desastres del Atlético en sus encuentros con el vecino. Reyes no engañó a Mateu con un piscinazo y la pelota llegó a Di María, que metió el balón en profundidad. Un toque involuntario de Ujfalusi dejó el camino libre al pistoletazo del portugués en el despacho donde habitualmente trabaja Higuaín.

Se veía venir, porque el partido tuvo salida de Fórmula 1: cabezazo de Pepe y parada de De Gea; remate de Tiago contra la maleza blanca; gol bien anulado a Khedira por fuera de juego; disparo demasiado cruzado de Agüero y andanada lejana de Higuaín sencilla para el meta atlético. En diez minutos hasta el público andaba con la lengua fuera.

Quique hizo rotar al Atlético sobre el eje Tiago-Mario Suárez, su pareja más ocurrente, pero inédita en los nueve partidos de Liga disputados hasta ayer. El canterano sólo había sido titular una vez en el campeonato y no había disputado un partido completo. Y de pronto se vio ahí, manejando el radar rojiblanco, sin la fiereza del tocado Paulo Assunçao, utilísimo en las labores de fontanería, en su auxilio. Fue un cambio arriesgado en el plan de urbanismo rojiblanco que aprovechó el Madrid para manejar el inicio del choque con maña y fuerza.

El Atlético encajó mal el primer golpe y se encontró con el segundo en la descabellada defensa de un lanzamiento de falta. Özil lanzó desde la derecha un golpe franco, que esquivó una barrera mal colocada, el pie de Reyes y la inmóvil estampa de De Gea, despistado por el gesto del sevillano. Sólo 18 minutos y los rusos, otra vez, a las puertas de Berlín.

Reyes ha recuperado la gracia sevillana, ese aire de jugador de calle que tan apreciado fue en sus comienzos. Estaba siendo el mejor del Atlético y su piscinazo y ese despeje fallido le convirtieron en un instante en el Doctor Catástrofe. El partido le daría después una segunda oportunidad.

Cristiano.

Hasta ahí, Cristiano había sido un cuerpo de ejército (y de gimnasio) en un solo hombre, obsesionado con el avance a toda costa, sólo o en compañía de otros (mejor así), con razón o sin ella. Su problema es la incontinencia. Al primer ruido, vacía el cargador esté a tiro el enemigo o no. Superó, en cualquier caso, a Valera con insultante facilidad y a ratos fue una tuneladora, bien acompañado por Özil, soberbio en el Bernabéu y no tanto lejos de él. Dejó un gol y una pieza de museo: túnel, pisada y salida en un segundo. El muletazo se hizo eterno. Después se refugió en la izquierda y acabó sin gas. Su depósito es demasiado pequeño. A partir de la media hora, sin embargo, el Madrid perdió el principio de autoridad y dejó el partido en manos de otros: de un Carvalho imperial, con valentía, oficio y compromiso; del manejo sosegado de Xabi Alonso y de Khedira, jugador con vocación de fondista etíope y juego pálido. Un futbolista muy de entrenador por su oscura defensa del bien común.

Entonces apretó el Atlético. Forlán no cazó un rechace de Casillas, que instantes después sacó una mano providencial a cabezazo de Domínguez. También apareció, en la misma jugada, otra de Xabi Alonso, ilícita, que mereció penalti, más por el gesto forzado que por la voluntariedad. Un cabezazo de Ujfalusi y la parada del partido de Casillas, a mano cambiada y para arruinar un fantástico zapatazo de Reyes, abrocharon seis minutos de furia del Atlético antes de que Simao le hiciera un penalti (menos claro que el anterior) a Di María, ayer más todocamino que atrevido extremo.

El Madrid ya no tenía el partido metido en la muleta y sufría para contener los flancos. Porque Reyes está impecable, con desborde, iniciativa y remate. Apretó de verdad a Marcelo. También Simao le buscó las vueltas a Sergio Ramos y ayudó en la construcción, para evitar que la cintura del Atlético resultase demasiado estrecha. Y arriba enredó Agüero, ejemplo de que no hay un biotipo de triunfador en el fútbol. Lo que no le dio la genética (en ese reparto salió ganando Cristiano) se lo dio la calle. Y como lazarillo sin Tormes rondó siempre la emboscada desde la picardía.

Falló Forlán.

Forlán colaboró poco en la empresa. "Es un jugador sensible, no de hielo", explicó Quique esta semana, para defender que su sequía (no marca desde el 11 de septiembre) tiene más que ver con la falta de frescura que con la falta de actitud.

El Madrid regresó del descanso buscando la mano definitiva. Higuaín mandó una hermosísima volea al palo y Cristiano probó a De Gea. Aguantó el Atlético y acampó ya durante muchos minutos en el territorio del Madrid. Con mando y con ocasiones. Forlán, en su única aparición notable, envió al poste una volea durísima. El sonido del palo se escuchó en la Castellana. Agüero lo intentó otra vez de disparo cruzado y Reyes calcó el soberbio remate del primer tiempo sin que fuese necesario Casillas para invalidarlo. Al Madrid le pesaban las piernas. Los once son fantásticos pero no incansables. El tiempo de las rotaciones parece próximo.

Mourinho fue cortándole alas al equipo con Albiol, Diarra y Benzema y al Atlético se le acabó yendo la esperanza al ver que no llegaba un tanto que le metiera en el partido. También se le marchó el orden y quedó expuesto, en los últimos cinco minutos, a un castigo injusto y excesivo: De Gea paró disparos de Marcelo, Cristiano y Benzema, y Sergio Ramos cabeceó fuera un centro que suplicaba el gol. No lo necesitó este Madrid con aire de indestructible que ya ha iniciado el larguísimo sprint por el título con el Barça. Y no lo mereció este Atlético sin premio pero a la altura de su historia.

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