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Chile - España | La contracrónica

¡Cristiano, prepárate!

Villa e Iniesta acabaron con la incertidumbre. Hubo más taca que tiqui, pero bastó para que los chilenos firmaran la paz con una derrota que también les metió en el cruce. Ahora es cuando de verdad empieza el Mundial. ¡Viva África!

¡Objetivo cumplido!. Ya les avisé ayer en el maravilloso Diario AS, cuya cabecera es roja como demostración inequívoca de que siempre estará al lado de España, de que nos íbamos a meter en octavos sin arañazos y con el traje de luces impoluto. No era la noche para sacar la lupa de Sherlock Holmes ni para ponerse en plan sibarita exigiendo ese fútbol de PlayStation que hace dos años nos llevó a bailar en Viena un vals que quedará en nuestra memoria. Pero paso de fatalismos y digo así de claro que esta noche estoy orgulloso de ser español y de estar danzando la popular canción de Manolo Escobar junto a zulúes, afrikaners, hindúes, boers, vikingos, culés, hinchas del Athletic (gran debut mundialista de ese navarro llamado Javi Martínez), atléticos y donostiarras (¡Va por ti, Aritz Gabilondo, qué grande eres!). Ya sé que no hicimos el fútbol de la Tierra Prometida, pero conviene refrescar a nuestro maravilloso pueblo que el campeón y el subcampeón del mundo ya están en sus casas y que Inglaterra e incluso Brasil han llegado al cruce de octavos sin alardes ni nada que les invite a sacar pecho. Para ganar un Mundial hay que ser práctico y pragmático. O sea, veo a mi admirado Iker Casillas levantando la World Cup el 11 de julio en Johannesburgo...

La auténtica 'blue'. En vista de que Francia e Italia estaban en su casa rumiando sus miserias, a la emergente España de Del Bosque no le quedó otra que defender con orgullo el nuevo color que le había asignado el guión: el azul. Era una camiseta atípica, pero los románticos como este servidor no olvidaban que con ese azul se ganó la Eurocopa de 1964 a la Unión Soviética con el recordado gol de Marcelino. Los blues por accidente supieron adaptarse a su nueva piel y dignificaron su atrevido look con un triunfo que no pasará a la hemeroteca pero sí a nuestros corazones. Estamos en octavos y de eso se trataba. Sin magulladuras ni lesionados ni sancionados. Sólo sé que sin hacer nada llamativo estamos en la pole position de este Mundial que está poniendo a cada uno en su sitio. Cada vez me huele mejor el desenlace de estas dos próximas semanas.

Villa maravilla. Disfrutamos del preambular escénico de esta importante victoria ante los chilenos en una fan zone en Pretoria que nos hermanó con medio mapamundi y toda la Piel de Toro. Patriotas llegados desde Villanueva de la Vera, Aranda de Duero, Castelldefels, Éibar, Barcelona, Zarautz, Galicia, Cantabria, Asturias y Roquetas de Mar se nos abrazaban bailando al son de la mítica Shakira y gritando que España iba a ganar el Mundial mientras los amigos chilenos se batían en retirada firmando una premonitoria segunda plaza... Cuando empezó el partido de verdad, Villa se dejó de pactismos y colegueos metiendo un golazo desde el más allá y alimentando la alianza de mi paisano Iniesta para firmar el triunfo que permite a España entera seguir soñando despierta.

Cristiano, entiéndelo. Sabes que te admiro y te adoro como si hubieras nacido en mi querida Mancha de Don Quijote. Pero el destino nos ha enfrentado este próximo martes y sólo por una vez desearé que pierdas. Ronaldo, eres una máquina y sé que la temporada que viene levantarás la Décima en Wembley con la sagrada camiseta blanca. Pero eso te legitima para asumir que ante España te toca hincar la rodilla y firmar una derrota honrosa, porque no es el momento de abrir una herida innecesaria que ni a ti ni a mí nos interesa. Portugal es un país amigo pero nadie le ha puesto entre los favoritos para ganar el Mundial. Sin embargo, sabes que a nosotros nos toca después de medio siglo de paciente espera. Te quiero, pero grita conmigo: ¡Viva España!

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