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LIGA BBVA | REAL MADRID 3 - OSASUNA 2

Cristiano nunca se rinde

El espíritu indomable de Cristiano, su incapacidad genética para rendirse y darse por vencido llevaron al Real Madrid a una victoria agónica, lograda después de una nueva remontada y gracias también a los errores en la definición de Osasuna, que perdonó en exceso y malgastó una ocasión inmejorable para llevarse el triunfo del Bernabéu.

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DOBLETE. Cristiano Ronaldo volvió a ser decisivo en una nueva remontada del Madrid.

El Real Madrid se ha propuesto llegar hasta el título de Liga de la forma más enrevesada posible, con remontadas, sufrimiento, emoción, trabajo y también momentos de buen fútbol, que de todo hubo en la victoria contra Osasuna. Un triunfo que permite al Madrid continuar en la lucha, pero con más dudas sobre su fiabilidad. En estos duelos de pistoleros en los que convierte sus partidos el Madrid, no siempre saldrá vivo y sin rasguños. Es probable que lo consiga en las tres jornadas que restan, pero también puede que no suceda. Y ahora, cualquier descuido, cualquier tropiezo se paga con el fracaso. Pero en estos encuentros descontrolados, de ida y vuelta, donde los demás sólo ven el abismo, el precipicio, el Madrid lo que ve es el mejor camino para llegar al éxito. Le favoreció en esta ocasión que Osasuna le planteara un duelo de ideas y de poco músculo, en contra de lo esperado. Se la jugó el equipo de Camacho a todo o nada, a ganar en ataque y no desde la defensa. No tuvo éxito y buena parte de culpa, además de los propios errores de Osasuna en la definición, la tuvo Cristiano Ronaldo, un futbolista de una ambición desmesurada, que aunque en ocasiones le lleva a un exceso de individualismo, en otras, como esta vez, impiden que su equipo se rinda y le obliga a buscar el triunfo hasta el final. Su gol cuando el partido agonizaba quizá no alcance para conquistar la Liga, pero sí alimenta la ilusión.

Y eso que el equipo de Manuel Pellegrini envía mensajes contradictorios. Si uno mira cómo atacó contra Osasuna verá un conjunto de enorme potencial, que finalizó casi todas sus acciones ofensivas, capaz de atacar hasta con cinco futbolistas, de mover el balón con rapidez y criterio, buscando los espacios, una máquina de crear ocasiones, pero con menos puntería que de costumbre y un exceso de ansiedad. Osasuna contuvo como pudo los zarpazos del Madrid, que fue un vendaval en ataque, pero hizo demasiadas concesiones en defensa.

Porque otra cosa se vio cuando el Madrid debió mirar hacia atrás y emplearse en detener los ataques de Osasuna, que apenas necesitó nada para hacer daño Fue un desastre el Madrid en defensa. Esta vez falló hasta Albiol, el zaguero más fiable del curso. Concedió innumerables oportunidades el Madrid y sólo la torpeza de Osasuna en el remate impidió que se llevara la victoria del Bernabéu. En partidos como éste, el Madrid es un equipo temible en ataque y que da miedo en defensa.

El Madrid salió muy metido en el partido, con tensión y Cristiano no tardó en poner a prueba la fiabilidad de los guantes de Ricardo. Pero el choque sólo siguió el guión previsto durante siete minutos, hasta que Albiol cometió un fallo enorme al intentar ceder a Casillas y dejó el balón en los pies de Aranda, que eludió sin problemas al portero y celebró el primer gol de la tarde.

Pese al golpe, el Madrid no varió su discurso, siguió tocando, buscando los espacios y la portería de Ricardo, aunque en ocasiones de forma equivocada, como ese exceso de individualismo de Cristiano, quien olvida con frecuencia que no juega solo y que quienes visten como él son compañeros suyos. Ese pecado que comentábamos antes. Osasuna contenía como podía los ataques del Madrid y salía con velocidad al contragolpe para asestar el golpe definitivo. Pero lo que se encontró fue el empate firmado por Cristiano después de una maniobra individual, cómo no. Y si no llegó antes el gol del Madrid fue por la destreza de Ricardo, que hizo una de las paradas de la tarde a un cabezazo de Kaká después de una preciosa combinación entre Cristiano y Granero, más entonado que otras veces.

En este ir y venir que era el encuentro, la moneda volvió a caer del lado de Osasuna a tres minutos del descanso. Un golazo de volea de Vadocz a pase de Aranda después de que los dos combinaran sin problemas dentro del área, con la complacencia de los defensas del Madrid. La respuesta del Madrid apenas tardó dos minutos en llegar, cuando Marcelo se anticipó a Azpilicueta y Roversio para marcar de cabeza a pase de Granero.

El Madrid salió de los vestuarios con el gol como único objetivo. Lo buscó de distintas formas, desde diferentes posiciones y con todos los jugadores posibles. Lo buscó Cristiano, en solitario y en compañía de otros; Marcelo con sus constantes internadas por la izquierda; Kaká hasta que fue reemplazado por Benzema; Guti, sustituto de Gago, con sus pases imposibles; hasta recurrió Pellegrini al canterano Juanfran en un intento desesperado por no perder la Liga. Nada daba resultado, hasta que el acoso total del Madrid terminó por derribar la resistencia de Osasuna. Fue apenas a dos minutos para el cierre, cuando el desaparecido Higuaín surgió en la banda izquierda para inventarse un centro con la zurda que cabeceó a gol Cristiano. El gol de la ilusión y del alivio.

Porque hasta llegar ahí el Madrid sufrió como pocas veces y salió indemne de milagro. Porque milagroso fue que Osasuna no marcara, primero en un remate de Aranda que despejó con los puños Casillas y después con un contragolpe de Vadocz y Masoud, que se plantaron ante Iker y el mal pase del primero fue rematado todavía peor por el segundo. Alimento para la desesperación de Osasuna y para la ilusión del Madrid, un conjunto que nunca se rinde.

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