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Real Madrid 0 - Barcelona 2 | La contracrónica

Inferioridad manifiesta

El amigo de Ibiza dibuja una imagen que lo refleja todo. Su tambor dice: 'El Rey de Europa, la historia sigue'. La afición mira para atrás y está orgullosa de donde viene. Pero el dominio del Barça es total y el futuro se torna cada vez más negro...

El triplete maldito. El 10 de noviembre le echó de la Copa del Rey el Alcorcón. El 10 de marzo el Lyon le ejecutó en la Champions. Y el 10 de abril firmó el Barça el descabello de un curso que lleva camino de acabar a gorrazos y con el Bernabéu cansado de dar tanto para recibir tan poco. Toca sentarse a reflexionar sobre el desplome de un equipo que en verano llenaba su estadio para presentar sus rutilantes fichajes y que anoche entregó las armas ante un enemigo que ha crecido en autoestima en dos años que llevan camino de convertirse en una pesadilla insoportable para ese madridismo fiel e irreductible que se está quedando solo en esta batalla por recuperar la bandera del fútbol y la senda de los títulos. La afición cumple con su parte. Tiene fe irracional (como la mía), apoya a muerte a sus jugadores, pase lo que pase, y paga un dineral sonrojante por las entradas para ver cómo su equipo le arranca la salud con gatillazos infumables como los tres citados en el encabezamiento de esta página que sólo pretende reflejar un fracaso con mayúsculas. No hay consuelo ante tantos millones de ilusiones rotas...

El modelo. Pep Guardiola ha resultado una bendición para el Barça. Conocer la genética azulgrana hasta en la forma de atarse las botas en el Camp Nou le ha ayudado a desterrar los demonios familiares, que siempre lo convirtieron en un club donde primaba la cartera sobre la cantera (Cruyff, Maradona, Schuster, Romario...). Ellos han cuidado su jardín con mimo, han invertido en identidad y han asumido que si tienen ocho titulares criados en La Masía todo será más fácil. Y si falla algo aparece Xavi, un genio que hace del fútbol un oficio envidiable. El Madrid quiere tener a los mejores y es muy lícito, pero nunca a costa de crear un modelo despersonalizado, sin alma ni compromiso epidérmico con la camiseta que honraron futbolistas y hombres ejemplares como Di Stéfano, Pirri, Camacho o Santillana. El ancla con la bandera que quedaba era Raúl, un capitán íntegro y el último gran madridista que nos queda. Pero a Raúl le están abriendo la puerta y no sé si le quedan ganas de seguir remando río arriba después de dar la vida por este escudo desde 1994. El futuro está en los guantes de Casillas (Iker evitó que reapareciesen los fantasmas del 2-6) y la casta de Ramos. Debería nombrarles a Cristiano, pero antes necesito hablar con él una tarde entera. No le han contado lo que es el Madrid y me duele. Se ha perdido un año con el coloso portugués. Aún le espero. Es un portento y lo demostrará...

Exigencia. En nombre de una afición herida en lo más profundo de su orgullo, pido a la plantilla y a Pellegrini que se dejen el alma por ganar estos siete últimos partidos. El Barça está a cuatro puntos (3+1). Y fútbol es fútbol, que diría Boskov. Pero lo veo todo tan, tan lejano...

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