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Liga Adelante | Elche 2 - Hércules 0

Jorge Molina, el Campeador

El alcoyano fabricó el primer gol y marcó el segundo. El Hércules, sin argumentos. Bordalás ganó la batalla en el medio. 8.000 alicantinos en Elche.

Dice la leyenda que El Cid Campeador ganó su última batalla después de muerto. Los árabes le quitaron la vida pero sus hombres lo silenciaron y urdieron una trampa letal: a la hora de la batalla final le ataron a su caballo Babieca y le lanzaron contra las huestes contrarias. Los árabes, asustados e incrédulos, huyeron. Una estratagema similar fue la que planeó José Bordalás durante esta semana. Sabía que para el pueblo de Elche el derbi era la batalla del año. Por eso, dio a su mejor hombre por muerto el pasado martes, escondió todos sus movimientos hasta minutos antes del choque para que los del Hércules se creyeran que no jugaría, y en el momento de la verdad lo lanzó hacia las tropas blanquiazules.

En el momento de dar a conocer las alineaciones nadie daba un duro por la argucia de Bordalás. Hacía tres semanas que a Molina se le diagnosticó una fractura en un dedo del pie. Los más optimistas le daban 45 minutos de lucha en el juego aéreo y poco más. Parecía difícil que Molina destacara ante dos de los mejores centrales de la categoría. Pero todo el mundo se equivocó. Molina pareció cabalgar a lomos de Babieca y ganó la batalla del derbi cuando todo el mundo le daba por muerto. En el primer gol, el alcoyano detuvo el tiempo en el área pequeña y esperó el momento preciso para ceder a Saúl que a su vez regaló el tanto a Usero. Y en el segundo, decidió ser él quien clavara la lanza a Calatayud. Su escudero más fiel, Juli, se deshizo en velocidad de Del Olmo y se la puso en bandeja para que Molina firmara la defunción del líder y además eterno enemigo franjiverde.

Y eso que el Hércules comenzó marcando el terreno. Delibasic, lo único potable del Hércules en todo el partido, lo intentó de cabeza y luego Willy tapó bien su palo tras un cabezazo en plancha de Del Olmo. Pero ahí se quedó la jerarquía del líder. Molina asestó la primera puñalada en el corazón del equipo de Esteban Vigo y de la invasión se pasó a la disolución. Acciari, Usero y Wakaso se comieron a Tiago y Rodri; Saúl fue un dolor de muelas para Bautista y Del Olmo; y Abraham Paz y Rodríguez no daban abasto a los arreones franjiverdes. Justo como lo había diseñado en su pizarra Bordalás. Juli pudo hacer la herida más grande pero Calatayud salvó con el pie. Y antes de que Delibasic despertara a los suyos, Molina decidió aniquilar al Hércules.

Reacción.

Con este panorama, el partido en las gradas también se decantó. El Anillo Superior, repleto de aficionados alicantinos, no daba crédito a lo que veía y de la euforia se pasó a la apatía. Todo lo contrario que en el resto del estadio. La hinchada del Elche se daba la primer fiesta en tres meses, pero ¡qué fiesta! Su equipo había elegido el día ideal para ganar. Justo lo contrario que el Hércules, que con 8.000 gargantas apoyándole, no estuvo a la altura precisamente el día que más aficionados se habían desplazado de toda su historia.

Esteban intentó arreglar el desaguisado con la entrada de Cristian y Kiko, tras el descanso, y a ratos dio la sensación de que la remontada no era una utopía. Sobre todo, cuando Rodríguez marcó de cabeza. Sin embargo, el árbitro lo anuló por fuera de juego y la desesperación herculana fue aún mayor cuando Del Olmo, un minuto después, mandó al lateral de la red un buen servicio de Tote.

Ahí Acciari decidió que este cuento se debía de acabar y llevó el partido a su terreno. Cortó el ritmo del Hércules con todo lo que tenía a su alcance: una pérdida de tiempo por aquí, una faltita por allá y de lo que parecía la resurrección blanquiazul se pasó al casi chorreo franjiverde. Molina desperdició la ocasión de matar el duelo al fallar un mano a mano con Calatayud y Abraham Paz sacó bajo palos un disparo de Trejo tras un mal despeje de Calatayud. Ahí se acabó el derbi en el césped pero el intercambio de golpes, en forma de cánticos, continuó en la grada. El Elche rozó el éxtasis y se acerca a la zona noble. Y el Hércules, a pesar del correctivo, sigue con una ventaja holgada sobre el cuarto.

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