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Copa de África | Diario de un periodista

Entre Hemingway, Kerouac, cabras y el business de Pelé

Un viaje plagado de incidencias

Paco Zamora

On the road. De nuevo. Aunque viendo a lo lejos las verdes colinas que se dibujan en lontananza, me viene a la memoria Hemingway y no Kerouac. No el Ernest de las 'Nieves de Kilimanjaro' sino el de un breve relato titulado 'La vida breve y feliz de Francis Macomber', donde el gran Hem cuenta, más o menos, lo listo y guapo que puede llegar a ser el gran cazador blanco, y, como contrapunto, lo cobardes que son sus negros porteadores.

Vamos hacia Lubango y no a "lumbago" como cuenta Gonzal (que ya se ha recuperado y anda como una rosa de rambla) que dice el mítico Tommy Nkono. Y un viaje que prometía ser feliz y plácido comienza a quebrarse en cuanto el terruño toma el lugar del asfalto. No sólo son los baches los que te hacen creer que estás en pleno rally París-Dakar. El colmo son las cabras, perezosas, descaradas y lentas que retozan en medio mismo de la pista de barro, o calientan las tripas al calor del asfalto. Son cientos y cientos y el musungu Carlos tiene que hacer gala de su pericia como piloto para sortearlos y conseguir que continúen vivitas y coleando, no sea que salga el pastor, o el dueño, de entre los arbustos y nos muela las costillas con su recio cayado angolano.

Sale a colación Kapucinski. También Reverte, don Javier, claro, mi amigo. Luego Pelé y sus negocios. Y es que O Rei le echa una jeta por estos lares que espanta. Está en todas. Y a cuenta de la lusofonía y sus grandes contactos con la cúpula del MPLA, reparte sonrisa, abrazos y parabienes para a continuación pasar el cepillo.

Su último business es la realización y promoción de una urbanización de lujo en Luanda. Sobre plano las casas de Pelé son la quinta maravilla africana, pero in situ, los que han girado visita a la lujosa urbanización comentan que deja mucho que desear.

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