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Peace Cup | A. Villa 2 - Oporto 1

El Villa se coló en la final y Cuéllar pide Selección

Gran partido del central español. Enorme.

El Villa se coló en la final y Cuéllar pide Selección Ampliar
EL SEGUNDO Y A LA FINAL. Los villanos de O'Neill se convirtieron ayer en los primeros finalistas. En la imagen, el segundo gol de Sidwell.

El Aston Villa ha pasado en poco tiempo de caer derrotado a manos del Málaga a convertirse en digno finalista de esta Peace Cup que, por cierto, ayer tuvo mucho de Cup y nada de Peace. Así fue a juzgar por la dureza con la que se emplearon ambos equipos, inversamente proporcional al mensaje de armonía y convivencia, argumento principal en los magnánimos propósitos de este trofeo. En el minuto 67, Heskey propinó un codazo a un defensor inglés. La jugada continuó con disparo de Ashley Young, que no echó el balón fuera, lo que provocó la indignación de los futbolistas portugueses, que se lo querían comer. Como decíamos, el delantero internacional inglés fue expulsado. Pero el Oporto no supo aprovechar esta superioridad numérica y sólo pudo maquillar el resultado con un gol casi en el último minuto conseguido de penalti por Hulk. Un futbolista increíble, prodigio de fuerza, buena técnica y velocidad en banda izquierda. Sin duda, lo mejor de un Oporto aún falto de preparación.

Los ingleses encarrilaron pronto el partido. Sin haber transcurrido aún el cuarto de hora, una buena jugada de Albrighton, un excelente jugador, fue rematada por Heskey. Un 1-0 que compensaba la salida fulgurante del equipo portugués, que parecía iba a merendarse a los villanos. A partir de ese instante, el conjunto dirigido por Martin O'Neill se barruntó como indiscutible dueño del cotarro. Con un Cuéllar espectacular, que pide a gritos que Del Bosque le dé una oportunidad y un velocísimo Young, pesadilla de la zaga lusa, el Villa agrandó su ventaja en el marcador a los 36 minutos tras aprovechar Sidwell un error de la defensa rival. El mazazo fue total y los británicos se fueron al descanso con una cómoda ventaja en el electrónico. La segunda parte mostró lo peorcito de cada uno de los dos conjuntos de ayer en lo que a gresca se refiere. Eso obligó al colegiado griego (por cierto, malo por no decir malísimo) a desenfundar. Tarjeta por aquí, amonestación por allá. El espectáculo se tornó desagradable, pero al menos, y eso es de agradecer, había intensidad porque el Oporto, un equipo valiente y batallador, ni mucho menos se resignaba a perder el millón de eurazos que premia al finalista.

Tras el 2-1, el Oporto tuvo una opción para empatar pero ya era tarde. El Aston Villa será quien disfrute del partido definitivo en Sevilla. Ganar supondría llevarse dos millones de riquísimos euros, que en los tiempos que corren está pero que muy bien.

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