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Liga Adelante | Tenerife 3 - Alavés 0

Champán a la nevera

El Tenerife golea y acaricia, como nunca, el ascenso

Manoj Daswani

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MONTAÑA. Caras relucientes, gestos emocionados y alegrías compartidas. Así funciona este Tenerife, intratable en su regreso a la cima.

El Tenerife volvió ayer a su mejor costumbre, la victoria, en un partido que además suponía un examen a sus nervios. Cualquier otro resultado que no fuera el triunfo se habría interpretado como la continuación del tropiezo ante el Hércules, pero ni afectó al ánimo ni turbó al fútbol aquel accidente en el Rico Pérez, convertido en paréntesis cerrado con el 3-0 de ayer. No fue expedito, sin embargo, el camino hacia los puntos de un Tenerife que se encontró enfrente un rival guerrero y correoso, convencido de la necesidad perentoria de sumar para vivir. Había dudas respecto a la puesta en escena del Alavés, si bien resultó el cuadro vasco un adversario tan incisivo como inquietante. Los goles que recibió, eso sí, le sentaron como estocadas.

Se enredaba la contienda tras un par de avisos, uno en cada dirección, cuando empezó a decantarse el partido del lado del Tenerife. Había advertido Kalderon al restituido Aragoneses con un disparo que se marchó alto, y replicó Juanlu con una aproximación a Bernardo que salvó Almirón. No obstante, en el Heliodoro era noticia de portada la lesión de Manolo en el momento que llegó el tanto inaugural, y lo alivió todo. Pareció como si disipara la alegría de Alfaro todo el temor a que se notara la baja del central, que arriesgó y se rompió. Sin Culebras convocado, Clavero reemplazó a Sicilia en el costado y el grancanario jugó en el eje de la zaga. La solución, otra vez más, salió de película. Lo había sido también la primera diana del Tenerife, no tanto por su ejecución sino por su importancia. Jugar a favor de corriente fue toda una bendición para el cuadro de Oltra, que desatascó el partido cuando se puso por delante.

Las fuerzas del Alavés, en realidad, se evaporaron en media hora. Aún así, nada más recibir el 1-0 sí tuvo el conjunto visitante una ocasión inmejorable. La desperdició Cuevas y la desbarató Sergio. No tuvo más historia el partido en el campo, pero sí en la grada. En cuanto cejó el empeño del rival por evitar la derrota fue creciente el vendaval blanquiazul y, por ende, la fiesta. Nino, fiel a su cita, hizo el segundo; y Bertrán, sobresaliente, coronó su partidazo con un golazo. Ni un alud de elogios bastaría para hacer justicia con el ilerdense, ejemplo de talento bien aprovechado. Para defender con solvencia, sí, y para atacar con criterio. Ayer, fue llegar su gol y multiplicarse las ansias del Alavés, traducidas entonces en una dureza que no condujo a nada. Con el partido cerrado, el fútbol se hizo fiesta y el Rodríguez López disfrutó.

Oltra pide paciencia, y está en su papel, pero la Isla goza y se prepara para una celebración por la que esperó durante años. El ascenso está a tiro y el champán, en la nevera.

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