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Borgonovo es el último afectado del Mal de Gehrig

Ayer le homenajearon. La dolencia ha matado a 39 jugadores

J. V. Catalán

Borgonovo es el último afectado del Mal de Gehrig Ampliar
CAMBIO. Baggio, compañero en la Fiore, empujó ayer su silla. Su mujer Chantal, lo hace en el día a día.

El complejo sistema informático que analiza el movimiento de sus ojos y sus párpados para traducirlo en palabras no supo ayer interpretar los sentimientos que afloraron, en forma de lágrimas, en los ojos de Stefano Borgonovo. Fiorentina y Milán, los equipos con los que ganó fama como delantero, le homenajearon ayer. Para reconocer su ejemplar lucha y para recaudar fondos para la investigación de la ELA.

La ELA es la Esclerosis Lateral Amiotrófica. Esta enfermedad incurable, conocida como Mal de Gehrig, degenera los músculos progresivamente hasta la muerte. Pero Borgonovo no se rinde y desde su silla de ruedas ha creado una fundación para luchar contra este mal, del que exculpa al deporte que tanto ama: "Me resisto a pensar que se deba al fútbol".

Pese a su opinión, ser futbolista, al menos en Italia en los 70, 80 y 90, constituye un factor de riesgo. La enfermedad se da en 0,01% de la población mundial; en los calciatori de aquellas tres décadas tiene una incidencia del 2,7%. Los tifosi lloran ya la muerte de 39 hombres que antes fueron sus ídolos. Por eso, el Fiscal de Turín, Raffaele Guariniello (azote del dopaje en Italia), investiga la muerte prematura de 400 futbolistas de las Series A y B entre 1960 y 1996. Pero los científicos no tienen claro que se deba al dopaje y apuntan a una combinación de factores tales como los esfuerzos excesivos y la inhalación de los pesticidas utilizados en el césped de los campos de fútbol.

El mejor complemento de los genios

Stefano Borgonovo (Giussano, 17 de marzo de 1964) nunca fue un crack. Sí un buen delantero con más actitud que aptitud que compartió balones y partidos con algunos de los mejores jugadores que ha tenido el calcio. Como los Baresi, Maldini, Rijkaard, Van Basten o Baggio, ya en la Fiorentina, con el que se complementaba a la perfección. Secundario entre tanto genio, pasó a ser protagonista el 18 de abril de 1990: una suave vaselina por encima de Aumann, meta del Bayern, dio el pase a la final de la Copa de Europa al Milán, que luego se proclamó campeón ante el Benfica.

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