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Xavi Hernández

"Soy un loco del fútbol"

Está de celebraciones. Al premio de mejor jugador de la pasada Eurocopa, acaba de añadir su décimo cumpleaños como profesional en el primer equipo del Barcelona, su centenario de partidos internacionales con esa camiseta y cumple sus cien días como campeón de Europa.

Enrique Ortego

Cuarenta y cinco minutos, un tiempo de un partido de fútbol, hablando con Xavi Hernández, Xavi, el de Terrassa, el mejor jugador de la pasada Eurocopa, conduce a una duda existencial: ¿Juega mejor que habla o habla mejor que juega? Se pone tanto en su papel de entrevistado, facilita tanto el diálogo fácil y fluido que es capaz, se atreve, a dar hasta el título de la entrevista cuando se le pide como colofón a la charla.

Si el tango dice que veinte años no es nada, ¿sus diez años en el Barça pesan más o pesan menos?

Son más que veinte, muchos más. Miro hacia atrás y no sólo veo esa década, sino más de 430 partidos, 100 de ellos internacionales, más los sesenta y tantos con la Selección. Son cifras muy bestias y las piernas pesan un poquito.

Lo que es curioso es que después de diez años al más alto nivel en el Barça, lo que le ha terminado de encumbrar ha sido la Selección y el éxito de Viena.

Sí, ha sido así y hay que reconocerlo. Yo siempre me he sentido valorado en el Barça, pero allí estamos acostumbrados a que la estrella del equipo sea un gran crack mundial, después siempre está el delantero típico goleador, después están otros dos o tres jugadores fichados de fuera y luego estamos los de la cantera. Así somos los catalanes. No valoramos al de la casa, aunque yo siempre me sentí querido y valorado. Yo mismo era así. Soy del Barça desde que tengo uso de razón, pero cuando era pequeño me fijaba en Koeman, en Laudrup, en Stoichkov... Ahora después de ganar la Eurocopa es verdad que la gente me valora, nos valora, más. Ahora me dicen, ahí va Xavi, el de Terrasa.

Si hubiera nacido en Brasil y se llamara Xavinho...

Ni me lo planteo, yo estoy orgulloso de ser Xavi el de Terrassa y de ser culé. No me cambio por nadie.

Ni se cambia de equipo...

No podría. Tengo un sentimiento culé muy arraigado. Si el club quiere, porque me considera necesario y útil, voy a seguir aquí toda la vida. ¿Dónde podría encontrar otro equipo cuya filosofía de juego es la mía, la que he conocido desde pequeñito? Bueno ahora hay otro: la Selección. Desde que llegó Luis es una prolongación del juego del Barça. Son dos equipos que parece que están hechos a mi medida.

Volvamos a la fiesta, La Eurocopa les ha hecho a todos más hombres, ¿verdad?

Sí, sin duda, todos nos sentimos más valorados, más importantes para todo el mundo. Nos faltaba ganar algo. Yo, particularmente, me siento más preparado, más fuerte. Ha sido una inyección terrible. El fútbol, aunque se juega con los pies, es algo muy mental, muy psicológico.

¿Qué queda de aquel Pelopo que llegó al Barça hace diez años?

Jo... Pelopo, hacía tiempo que no lo escuchaba. Fue un mote que me puso Miguel Ángel cuando íbamos a entrenar de chavales, Él era de Sabadell e íbamos juntos a Barcelona. Luego yo se lo llamaba a Gabri. Pelopo viene a ser como "tronco". ¿Qué pasa Pelopo, qué pasa tronco?... Del Pelopo a nivel personal queda todo. No he cambiado en nada. Se lo pueden decir los que me conocen desde entonces. Mantengo los mismos valores y la educación que me dieron mis padres. Futbolísticamente, también mantengo los mismos conceptos. Juego como siempre he jugado. Como siempre me hubiera gustado jugar. Eso sí, estoy más curtido, he madurado mucho. He tenido que madurar a la fuerza. En el Barça al 0,2 saltan todas las alarmas y desde que llegué al primer equipo tuve que convivir con la polémica de si era como Pep, compatible o incompatible. Es una presión muy difícil de llevar y que nunca morirá porque el Barça siempre será así.

¿Y cómo se lleva que le enfrenten a su ídolo?

Pues imagíneselo. Pep, más que mi ídolo, era mi espejo. Maradona, Schuster, de niño, eran más ídolos. Pep era mi referencia a todos los niveles. Me cautivaba como jugador y me cautiva como entrenador. Todo lo hacía bien. ¡Cómo leía la jugada! Cuando tenía que jugar a un toque, a dos. en profundidad, en corto. Tenía un ojo en la nunca. Los entrenadores además siempre me decían: "Xavi, fíjate en Pep". De tanto verlo aprendí mucho de él.

Tres años como compañero y tres meses como entrenador. Cuente, cuente...

No ha cambiado nada. Pep es el mismo antes que ahora. Es un entusiasta del fútbol, de la vida. Un perfeccionista. Es muy meticuloso. Lo tiene todo controlado. No se puede imaginar hasta qué punto. Ahora digamos que es más jefe. Se mantiene firme, a muerte con sus ideas y si de jugador arrastraba al equipo, como entrenador mucho más. Me ayudó mucho y me ayuda mucho. Siempre me ha dicho cosas. No tengo una amistad fuerte, de salir a cenar o comer, pero estamos unidos futbolísticamente. Pensamos lo mismo, vemos lo mismo. Sentimos lo mismo.

Hasta el punto de declararse amor en público...

Bueno, que no haya malentendidos... Ja, ja, ja. Él dijo en la conferencia de Prensa de después del partido contra el Atlético que me quería mucho y cuando me lo dijeron yo dije que también le quería. Fue un gran gesto por su parte sustituirme para que el público me aplaudiera. Siempre decía que nunca me llevaba ninguna ovación porque nunca me sustituía y me quitó para que me dieran la ovación más grande que el Camp Nou me ha dado en diez años. Mayor incluso que la que me dedicaron cuando reaparecí en el 2006 después de la lesión de ligamentos cruzados. A ésta, además de ser más ruidosa, la doy más valor porque era un reconocimiento a mi fútbol. Pep siempre tiene gestos hacía mi.

Con Luis también congenió maravillosamente, era su ojito derecho.

La sintonía era perfecta. Fui feliz a su lado. Era como el padre que te ayudaba en todo momento. Su idea del fútbol es la misma que la mía. Hablábamos el mismo idioma. Además, él jugaba ahí, de centrocampista y a los dos nos gusta lo mismo, las paredes, las llegadas desde atrás, tirar las faltas... Era un libro abierto. Sé que lo está pasando mal. No le he llamado, pero lo he pensado, a lo mejor lo hago. Es muy cabezón. En parte es lógico lo que le pasa, no controla el país, no conoce sus comportamientos. Los turcos son muy extremistas, pero va a salir adelante.

Hablamos del Xavi futbolista...

Hablamos... Me considero un futbolista que dependo del balón, del compañero. No soy un futbolista físico, soy mental. Me gusta tener el balón. Me gustaría tener más velocidad por eso sobrevivo con mi velocidad mental. Si fuera como Cristiano Ronaldo o Messi no tendría que darme esas vueltecitas que me doy con el balón. Tiraría para adelante y gol.

Pero usted tiene una cuerda con la que ata el balón a su bota, ¿dónde la esconde?

¿Una cuerda? Nunca lo había oído. No es que tenga una cuerda escondida es que tengo que sobrevivir porque yo no puedo driblar, no puedo encarar, tengo que buscarme mis recursos para suplir mi inferioridad física.

Pero para ser un organizador, un canalizador, recupera muchos balones, muchos.

Sí. Es por intuición. Como no soy un portento físico, saco la picardía para adelantarme a la jugada. Es cuestión de anticipación, de llegar en el momento justo.

Y cuando le van a presionar dos o tres jugadores y usted se da esa vueltecita clásica sobre sí mismo, ¿nunca se pone nervioso?

No, porque soy una persona muy positiva. Sé que voy a salir siempre y además si vienen tres sobre mí significa que siempre tendré el apoyo de un compañero libre para hacer una pared y salir del paso. Sé que es una responsabilidad. Me molesta una enormidad perder un balón, mucho más de lo que se pueda creer. Me obsesiona no perderla y dársela al compañero mejor colocado. Tengo un gran sentido de la colectividad. Mi mentalidad desde siempre ha sido de equipo. Tanto dentro del campo como fuera. Siempre me ha gustado hacer grupo, hacer piña. Ir a cenar con los compañeros.

¿Qué es lo que se ha escrito o dicho de usted que más le ha molestado?

Que no tengo personalidad, o que no tenía, porque ahora se dice menos...Que jugaba o juego muy en horizontal... Muchas veces no se han dado cuenta de que mi juego depende del compañero y a veces si juego en horizontal es porque no tengo otro remedio. Si me la piden a dos metros, pues la tengo que dar a dos metros. Que me la pidan más adelante, que se la daré más adelante. Mi juego se basa en triangular, combinar.

¿Un pase de gol o un gol?

El gol es la esencia y lo más bonito pero tampoco no está nada mal un pase de esos entre líneas que entra justito y le llega medido al compañero. Pero me quedo con marcar un gol.

¿Qué título le pondría a esta entrevista?

¿Que lo ponga yo?... Que soy un enfermo del fútbol, un loco, un obseso, un apasionado... ¡Pero si voy a buscar al teletexto los resultados de la UEFA si no he podido ver el partido! En este sentido me pueden empatar, pero no ganar. Me siento un privilegiado del fútbol. Cuando hablo con mi padre le digo: "papa soy un privilegiado, soy feliz con lo que hago. Me gustaría ser entrenador de chavales cuando me retire.

Perdemos un comentarista.

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