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Messi rescata a un Barcelona vulgar

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Messi rescata a un Barcelona vulgar

Messi rescata a un Barcelona vulgar

Reuters

Mal partido del Barcelona que no encontró su ritmo ante un combativo Shakhtar que se adelantó en el marcador pero acabó pagando su racanería con dos goles de un Messi que volvía al campo donde debutó en Champions y que revolucionó en el partido cuando entró en sustitución de un desacertado Henry con media hora por jugar. El triunfo da tranquilidad al Barcelona, que encarrila el primer puesto de su grupo, y supone un premio seguramente excesivo para un equipo que olvidó algunas de sus principales virtudes y repitió errores pero que, al final, volvió a salvar los muebles en el tiempo de descuento.

Cuestión de suerte. Ese factor a veces tan esquivo pero que siempre será más susceptible de estar de tu lado si cuentas con jugadores como Messi. El argentino volvía al estadio donde debutó en Champions y lo hacía como suplente. Pero, víctima de la necesidad, Guardiola olvidó su hoja de ruta y se saltó las rotaciones para dar media hora a su gran estrella ante la evidencia de que la victoria se escapaba. Manos a la obra, Messi, que entró por un desafortunado Henry, tomó el mando de un Barcelona hasta entonces sin respuesta y volteó el partido con dos goles en los minutos finales. Primero, en el empate, aprovechó con oportunismo un fallo garrafal de Pyatov. Después, con eltiempo de prolongación casi vencido, picó de forma exquisita el balón para evitar la salida de un esta vez prácticamente vendido Pyatov. Mal partido y buen resultado para los azulgrana, que dan un paso de gigante para asegurar el primer puesto de grupo y que enlazan la quinta victoria seguida, la segunda consecutiva sumada por 1-2 y de forma in extremis.

Pero el triunfo azulgrana tuvo poco que ver con el de Montjuic, donde, polémicas al margen, hubo minutos de excelente juego y una cascada de ocasiones. Esta vez el Barcelona estuvo lento, pesado, incómodo. El Shakhtar le desconectó en la primera parte hasta convertirlo en un equipo vulgar, que encajó un gol y terminó pasando apuros de forma casi inexplicable.

Los ucranianos, con muy poco, estuvieron a punto de castigar con la máxima dureza la indolencia del Barcelona en el primer tiempo. La derrota no hubiera sido justa por lo visto en el campo pero sí porque los azulgrana no cumplieron con lo que se espera de ellos, con lo que han expuesto, con mayor o menor fortuna, en anteriores partidos. Después de cuatro victorias consecutivas y una imagen en línea ascendente, el Barcelona olvidó sus virtudes en un estadio caliente que disfrutó con la entrega de un equipo que se ha borrado en la liga de su país y que juega con un nutrido grupo de brasileños a los sólo parece activar la música de la Champions.

Si el Barcelona se dejó sus virtudes en el vestuario, especialmente la rápida circulación de balón, no hizo lo propio con los defectos. Otra vez encajó un gol en una jugada aislada y en la que evidenció una peligrosa fragilidad. Otra vez se presentó sin pólvora y desperdició dos ocasiones de libro, ambas mano a mano ante Pyatov. En la primera, recién comenzado el partido, Henry no definió un gran pase de Eto'o. Y fue el camerunés, ya en el segundo tiempo y antes de ser sustituido por Bojan, el que desperdició de forma inexplicable un ocasión inmejorable. Dos fallos impropios de un equipo grande, que tampoco puede permitirse jugar con una defensa de mantequilla, que responde con dudas y falta de contundencia ante rivales de mínima exigencia. El Shakhtar marcó un gol de la nada, tras un balón largo desde su propia área que Piqué despejó mal y Puyol no supo corregir. Ilsinho aprovechó el regalo y golpeó a un Barça que pasó de dominador a dominado en cuanto su rival le quitó el dominio del balón a base de presión en el centro del campo y dureza consentida por el árbitro y personificada en Brandao, delantero reconvertido a interior zurdo para taponar a Alves y que se aplicó en esa tarea a base de cargar sin miramientos con su contundente físico.

Un Shakhtar duro y con oficio

Guardiola se disparó en el pie con un planteamiento confuso, que repetía el trío defensivo del partido ante el Sporting de Lisboa (Puyol, Piqué, Márquez) y que situaba a Iniesta en la izquierda, a Alves en la derecha muy liberado de tareas defensivas y, en ataque, a Henry y Eto'o demasiado juntos. Sin embargo, el técnico azulgrana sí acertó con los cambios. Henry y Eto'o, negados, dejaron sitio a Messi, cuyo concurso se antojaba necesario, y a un Bojan que se reivindicó con sus mejores minutos de la temporada. Estuvo activo, inteligente y rozó el gol antes del milagro final de Messi. Los dos bajitos desatascaron a un Barcelona que en la segunda parte mandó de forma descarada pero con pocas ideas ante un rival que no tuvo reparos en encerrarse en su área y fiarlo todo a su defensa, a su dureza y a unas marrullerías que contaron con la bendición de un pésimo Howard Webb, que repartió mal las amonestaciones, cayó en las trampas del Shakhtar y se lavó la manos en ambas áreas, primero en una confusa acción de Alves sobre Brandao y luego en un más claro derribo a Iniesta todavía con empate en el marcador. Además, los locales protestaron el primer gol de Messi porque consideraron que el Barcelona no había devuelto el balón después de que ellos lo echaran fuera.

La racanería de un rival peleón pero tremendamente limitado, una mejora en la actitud y la disposición en el campo, la entrada en juego de Iniesta más pegado a la izquierda y la aparición salvadora de Messi, en su papel de crack, bastaron a un Barcelona que ahora parece embalado y en camino de invertir una tendencia que le hacía no amarrar los partidos que merecía ganar y que ahora le permite sumar victorias que sus propios deméritos complican mucho. Pero en esta liguilla de la Champions y en estos momentos de la temporada, el equipo de Guardiola hizo lo importante, sumar un triunfo que le deja con seis puntos sobre seis posibles antes de enfrentarse al Basilea. Los octavos están muy cerca en el espacio pero muy lejos en el tiempo, así que margen hay para corregir errores.

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