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Günter Wallraff

"En Alemania los turcos siguen discriminados"

Günter Wallraff (1942), periodista y escritor, ha conmocionado al mundo con sus trabajos de investigación. Para escribir 'Cabeza de Turco' se hizo pasar por un inmigrante en Alemania durante dos años. Así construye su denuncia...

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DOS AÑOS DE INVESTIGACIÓN. Cabeza de Turco es una de las obras más sobrecogedoras de los últimos tiempos. Un mazazo a la realidad que mostró, a través de los personajes y de la propia vivencia de Wallraff durante dos años, la penosa situación de explotación y miseria en la que vivieron los millones de inmigrantes que llegaron a partir de la década de los sesenta a Alemania.

¿Vive todavía algo del personaje de Ali en usted?

Sigue dentro, por supuesto. Fueron dos años de investigación, de vivencias que me marcaron. Me queda la identificación con las minorías y los marginados. Desde entonces tengo muchos amigos turcos y utilizo esa confianza para apremiarlos o reprocharlos cuando ellos mismos, por un orgullo nacional exagerado, aceptan la vulneración de los derechos humanos en nombre del Islam.

¿Cómo era la vida de los turcos en la Alemania de los 70 y los 80?

Era la capa social más discriminada. Incluso hoy en día los turcos adolescentes corren con desventajas en la sociedad con respecto a títulos escolares y al fomento profesional. Siguen discriminados, aunque ya no son la capa más baja de la sociedad alemana. En su lugar se han posicionado los obreros del Este, rumanos, ucranios, polacos o rusos... Ellos son los que están construyendo la nueva y heróica Berlín por tres o cuatro euros a la hora, cuando nosotros lo hacíamos por ocho. La cosa va a peor.

¿Cómo se le ocurrió disfrazarse de turco para desenmascarar la realidad alemana? ¿No es una paradoja?

Durante la juventud mi autoconfianza estaba más bien subdesarrollada. A los cuatro años ingresé en una guardería en la que me despojaron de todos mis vestidos. Una despersonalización completa que arrastré mucho tiempo.

Decidió vengarse...

Mediante estos juegos de rol, poniéndome en el lugar de otro, he llegado a ser un humano más libre de miedos y más activo y combatiente. Convertido en otro, conozco al mundo nuevamente, como un niño. También tiene que ver con la aventura, la curiosidad y el juego, y con la posibilidad de ver el mundo con más nitidez desde esa ventana.

¿Qué hizo para crear el personaje de Ali?

Practiqué el hablar un alemán básico, casi balbuceante, durante unos meses, y busqué una caracterización correcta para esconder mis genes germanos. Lentillas y peluca negra...

Y se lanzó a la aventura.

Trabajé como dependiente en un McDonald's, como cobaya humana en un laboratorio farmacéutico, de limpiador de una central nuclear sin protección alguna, de deshollinador de los altos hornos de la empresa Thyssen. Llegué a trabajar 24 horas seguidas...

¿Le quedó alguna secuela física?

Yo era un gran deportista antes de iniciar el papel. Corría el maratón en dos horas con 40 minutos. Acabé mi investigación con una bronquitis crónica. Recuerdo que escupía sangre. Además, sufrí una lesión discal por las fuertes cargas de peso. Ahora, después de una operación exitosa, he vuelto a correr el maratón en 4 horas 12 minutos.

¿Cuál de sus aventuras le produce más emoción recordar?

Han sido muchas... Fue extraño hacerme pasar por un iraní emigrante en Japón. Allí los iraníes son como los turcos aquí (en Alemania). Hubo otras aventuras que se truncaron justo antes de empezar.

¿Temió por su vida en alguna de las investigaciones para sus libros?

En varias ocasiones: en mi papel en la Grecia fascista en 1974, cuando estuve expuesto a maltratos y torturas; y más tarde por amenazas del lado extremista de la derecha islamista. Ignoro tales amenazas, pero sí he recurrido algunas veces a la protección policial para proteger a mi familia. Por regla general, mi único miedo consistió en ser desenmascarado.

¿Nadie le descubrió?

Nunca.

¿Mejoró su libro la situación de los turcos en Alemania?

He recibido miles de cartas de inmigrantes obreros turcos a los cuales el libro Cabeza de Turco ha ayudado a reflejar sus propios problemas, para que se hable de ellos y de sus quejas. El libro consiguió que se tocara un nervio en la sociedad. Nació una conciencia. En suma, ha favorecido a la tolerancia y al diálogo.

Y en Alemania le machacaron a querellas...

¡Las he ganado casi todas! La prensa conservadora me acusó de ser un agente de la Stasi (policía política de la RDA). Todo fue porque entre el 68 y el 71 me hice con algún archivo de la RDA para investigar los crímenes nacis.

¿Hay algo en común entre la inmigración turca en Alemania con la marroquí o la rumana en España?

Soy de la opinión de que la xenofobia no es un fenómeno típico alemán. Está sucediendo algo muy parecido en España. Pero veo una ventaja en la política española de inmigración, en el acto de haberles ofrecido varias veces a los inmigrantes la posibilidad de legalizarse después de un cierto tiempo. Alemania es en este sentido, con sus leyes de inmigración recientemente agudizadas, es más inhumana y despiadada.

¿Cree que el Alemania-Turquía unirá a los dos pueblos?

Espero que no haya ningún desmán y que no suba el orgullo nacional aún muy arraigado en los dos países. Temo que cierta prensa, como los diarios nacionalistas turcos y el agitador diario alemán Bild.

¿Usted quién quiere que gane?

Suelo ponerme en el lado del débil, y en el fútbol parece ser Turquía. No disfruto mucho del fútbol.

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