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Semifinales Eurocopa 2008 | Alemania - Turquía

La máquina ante el caos

El rodillo de Ballack frente a una Turquía diezmada

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SE CITA CON VILLA. Podolski ha manifestado que le gustaría medirse a Villa en la final. Los dos luchan por ser pichichis. El alemán lleva cuatro goles, el español, tres.

La semifinal de la integración", como la bautizó la Prensa centroeuropea, enfrenta a la Alemania del trabajo y la Turquía de los tres millones de inmigrantes. Ciudadanos de una y otra nacionalidad conviven en un país cuya frontera queda a sólo 10 kilómetros de Basilea, esta Basilea balanceada hoy por el desembarco masivo de aficionados. Más allá de tensiones sociales, tal vez envolviéndolas, se juega un partido crucial entre dos maneras antagónicas de entender el fútbol: la máquina (Alemania) contra el caos, Turquía.

"El fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre ganan los alemanes". Dos décadas después de que Lineker formulara esta ecuación, la Mannshaft sigue sincronizada con las leyes de la lógica, minimizando riesgos, optimizando espacios, ganando el partido al más pequeño error rival. Así, en dos descuidos, mató a la Portugal de Ronaldo... y Turquía no se descuida. Turquía es El Descuido. Una belleza despeinada, vestida con los jirones que le ha dejado una Eurocopa no apta para cardíacos. Llega hasta aquí tras pasar sólo nueve minutos de ventaja en el marcador, protagonizar dos remontadas heroicas y una tanda de penaltis. El sufrimiento turco tuvo un caro peaje: cuatro sancionados, tres lesionados (entre ellos, Nihat y Emre) y tres renqueantes. Terim, el general turco, bromeaba con sacar al portero Tolga de delantero centro. ¿Se pueden dar más ventajas a la máquina?

Fritz-Michael. A Deep Fritz 10, el último aparato de jugar al ajedrez, no ha podido derrotarlo nadie aún. Lo intentó Kramnik y fracasó. "Para ganarle debería quitarles la lógica a mis movimientos. Ser el perfecto inútil. Actuar sin sentido totalmente, engañar al programa", se justificaba el maestro ruso. Fritz tiene nombre y nacionalidad alemanas, como Ballack, corazón de hierro sobre el que pivota el equipo de Löw. Michael será otro muro más en el ¿imposible? camino hacia la final de esta Turquía diezmada y caótica. Así que atrévete, Terim: poner un portero en la delantera sería una buena manera de echarse por completo en los brazos de la anarquía. De volver loca a Alemania, la máquina. Y quizá también a Fritz.

Las tarjetas se anularon y ya no hay apercibidos

Las dos semifinales se juegan sin apercibidos. Los futbolistas que llegaron aquí con una tarjeta amarilla no deberán cumplir sanción en la final si reciben otra en esta ronda. Pero Turquía deberá conformarse con los futbolistas que le queden sanos. Ayer, la UEFA confirmó que no habrá sustituciones. La reglamentación impide cambiar a los futbolistas una vez que el equipo en cuestión haya comenzado el torneo, aunque existe una excepción, precisamente con Alemania: en la Euro-96, el equipo germano también estaba desesperado por las bajas y pudo llamar a Jens Todt para la final, aunque éste no jugó.

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