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Homenaje feliz al gran Gento

Trofeo Bernabéu | Real Madrid 2 - Partizán 0

Homenaje feliz al gran Gento

Homenaje feliz al gran Gento

Baptista y Drenthe, los goleadores. El Partizán apenas opuso resistencia. La Galerna fue la estrella

Por lo que se refiere al homenaje en sentido estricto, algunas consideraciones. El pinchadiscos eligió la música de Yesterday para recibir a Gento antes del partido, lo que en lugar de elevar los corazones nos dejó un poco afligidos y con ganas de llorar. Es como si el día de tu cumpleaños te cantan "Cuando un amigo se va" o "Se le apagó la luz". Pues se te queda mal cuerpo. Lo cierto es que la discoteca estaba algo enloquecida, porque en minutos pasamos, sin saber cómo bailarlo, de Van Halen al organillo madrileño. Al igual que ocurre en los centros comerciales y en los ascensores de postín, en el Bernabéu el silencio, últimamente, se considera de mal gusto y se utiliza para los duelos.

Mientras cantaban Los Beatles, Gento caminó hacia 'sus' seis Copas de Europa y saludó en el centro del campo, desde donde fue ovacionado con sentimiento. Mientras no se incluyan aplausos enlatados, podremos decir que todo marcha bien. Se pudo, no obstante, haber sacrificado un tema musical por escuchar al mito.

En el Bernabéu se registró una entrada magnífica y el público acudió a pasarlo bien, con numerosa presencia de niños con bufanda, beneficiados por ser víspera de fiesta y por el horario. Existía una predisposición a disfrutar sin demasiadas exigencias y un delicioso aroma a bocadillo de chorizo.

Uno suele encontrar razones para alimentar sus expectativas. En estos casos, por ejemplo, siempre se espera que los suplentes se desquiten en partidos de este rango, aunque en esto los futbolistas reaccionan como las mujeres en las treguas (dicho sea desde el cariño, naturalmente): "No te voy a querer cuando tú quieras, majo, que te abrace tu madre".

Sólo respondieron aquellos que, sin ser titulares, están en la frontera de serlo. Así, la actitud más dispuesta la tuvo Baptista, y en un segundo escalón Robben. El holandés dejó algunas muestras de su técnica refinada. Si eso fue lo bueno, su entusiasmo, lo peor es que se le recuerdan pocos desbordes, y cualquier cosa que no sea saltar rivales y marcar las diferencias le sitúa por debajo de las expectativas y del precio (36 millones), esa vulgaridad.

Protagonista. Baptista, por su parte, tuvo el mérito de agitar el juego con cada intervención. No es un jugador científico, pero tiene un efecto revitalizador. Y llegada. Su gol fue la prueba: atravesó la defensa del Partizán como un caballo un jardín de amapolas. Los rivales reclamaron que se ayudó de una mano, pero más que un gesto intencionado creo que fue consecuencia de su anatomía. Hay cuerpos que resultan incontenibles. Al final del encuentro, Baptista fue reconocido como mejor jugador del partido, en votación efectuada por los periodistas asistentes, a los que se nos notan las querencias.

Saviola también se dejó ver, y mejoró según avanzaron los minutos, pero su estilo es, muchas veces, demasiado sutil. Y algo parecido podría decirse de Gago, aunque en su caso la sutileza es un pecado mortal. Con Higuaín extrañamente discreto, el peor de los no habituales fue Drenthe. Al inicio de la segunda parte cometió dos errores de los que condenan a galeras: en un minuto regaló dos pases en terreno minado que sólo la inocencia del enemigo impidió que terminaran en gol. Como debió darse cuenta de la pifia, luego hizo todo lo posible por marcar y marcó. Hasta fue víctima de un penalti que Megía Dávila no señaló por pura pereza (el partido agonizaba). El balance es que el público perdonó a Drenthe y hasta hubo quien se quitó la camiseta (un varón) para celebrar el gol del holandés. Por lo demás, Drenthe confirmó lo que ya sabíamos: es un ácrata.

Dudek fue otro de los que gozó de una oportunidad y no se puede decir que la desaprovechara. Algo tembloroso al principio, se fue entonando, y hasta hizo paradas de mérito. Su problema no es otro que la comparación, Casillas.

Con todos ellos sobre el campo, la primera parte discurrió desangelada, sin ritmo de partido importante. La falta de tensión fue patente en Metzelder, que al poco de iniciarse el choque remató con desidia un balón goloso y provocador. En esos primeros compases, los centros de Robben significaban los acercamientos más peligrosos. No pasó mucho tiempo antes de que descubriéramos que los futbolistas más afilados del Partizán eran Moreira y Diarra, un portugués y un senegalés. De modo que la bandera de Croacia que alguien había colocado en el fondo sur, la portería que atacaban los serbios en la primera parte, no ejercía el estímulo buscado. De las combinaciones entre Diarra y Moreira salieron las mejores jugadas del equipo visitante, que ayer, vestido de negro, dio razones a su apodo: los sepultureros.

Intentos. Así se desarrollaba el encuentro: el Madrid dominaba sin excesiva pasión y el Partizán contragolpeaba sin pasión en absoluto, dejándose hacer en defensa y cumpliendo el papel de invitado que no rompe nada. Antes de que marcara Baptista, Robben probó varias veces, la mejor con una incursión en diagonal (muy Robinho) y con un disparo durísimo que casi se traga Bozovic. Inmediatamente después llegó el tanto de Baptista, el rugido del Bernabéu, y las reclamaciones serbias.

En la segunda parte cambió el panorama porque cambiaron los jugadores. Saltaron al campo, entre otros, Diarra, Guti y Soldado, y el equipo ganó en agilidad, al tiempo que se hizo más sólido en el centro del campo. Como resultado, el Partizán, que también fue renovándose, pareció más frágil. Con todo, el Madrid es un alma caritativa que concede oportunidades hasta a los adversarios más entregados. Suerte que Pepe ya estaba sobre el césped y resolvió con precisión los problemas que surgieron.

El gol de Drenthe, que aprovechó un pase interior y batió por bajo a Bozovic, acabó por finiquitar el partido, que no encontró más aliciente que un gol de Soldado que no llegó. Y no fue por no intentarlo, porque el delantero lo probó desde cualquier lado, como quien tira un triple en el último segundo. Lástima que tenga tan pocos minutos. Pitó el árbitro el final y por megafonía desfilaron las valkirias, la caballería rusticana y el Toreador de Bizet. El Madrid levantó su trofeo y la gente se fue feliz, que es de lo que se trata en las fiestas.

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