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Copa del Rey | Écija 1 - Real Madrid 1

Écija penetra en la galaxia

Los locales fueron mejores que un Madrid abúlico Nolito igualó el gol de Cassano en la segunda mitad Pepe Díaz fue una pesadilla para los blancos

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RONIE FUE ANULADO. Ronaldo pasó casi inadvertido por el estadio de San Pablo y mucha culpa la tuvieron Argüello (izquierda) y Mario, impecables en el marcaje del Fenómeno. Ronie disputaba su primer partido de titular desde el 7 de mayo.

Los hubiéramos confundido con la selección italiana, pero atacaban demasiado. Así que no podía ser. Tuvimos que fijarnos en sus espaldas para descubrir su verdadera identidad: Pepe Díaz, José Vega, David Llano... Nombre y apellidos, la filiación completa y el DNI si hubiera hecho falta. Es la vieja educación española, esa que no perdona la presentación galante ni siquiera antes de batirse en duelo: Pepe Díaz, para servirle. Y luego, el machetazo. Así fue el Écija, respetuoso, digno y heroico. El Madrid le arrancó un empate.

Ya advierto que partidos como el de ayer invitan a escribir con la pluma de Robin Hood (la del gorro), de tal manera que el desequilibrio de fuerzas nos lleva a ser indulgentes con el modesto e inflexibles con el poderoso. Sin embargo, en este caso, no necesita el Écija favores ni el Madrid merece más severidad que la que indica el resultado, que no es poca.

Me explico. Los locales jugaron un encuentro espléndido, en la forma y en el fondo, que son el entusiasmo y la calidad. No fue el típico arreón del equipo pequeño, sobreexcitado por el ilustre visitante. No. Fue fútbol, buen fútbol. Un grito que nos descubre otro mundo (el real) donde se quedan atrapados muchos futbolistas y entrenadores que pudieron llegar más lejos, pero que se quedaron más cerca. Los más desafortunados de los afortunados o, quizá, los más afortunados de los que no tuvieron fortuna, y tuvieron que hacerse fontaneros, notarios o periodistas. El juego de palabras se inventó para definir el atractivo de Barbra Streissand: la más guapa de las feas o la más fea de las guapas. En fin, Segunda B.

Por lo que se refiere al Madrid, cuesta cargar las escopetas. Me corrijo: cuesta dispararlas. Es verdad que jugó horriblemente mal y que no estuvo a la altura del prestigio que le envuelve, pero entiendo que no debe ser fácil motivarse, ni adaptarse a un campo tan pesado ni sobreponerse a esa pasión ajena que tanto cuesta compartir. Imagino que en situaciones así el futbolista de tronío acelera en función de las necesidades y se cuida los isquiotibiales, y supongo también que el segundo partido, esa desfachatez federativa que protege a los ricos, se guarda como un cartucho definitivo. No se me ocurren más excusas ni quiero buscarlas.

La mejor noticia es que el fútbol volvió a confirmarse como el deporte más igualitario de cuantos existen, el único que concede oportunidades a los que son manifiestamente inferiores, el único que no discrimina por razones físicas, químicas o monetarias.

Valientes. Sin duda, al Écija le ayudó mucho saltar al campo sin complejos, valiente, torero. Digamos que participó de la fiesta pero sin intervenir en el cuadro de actores cómicos. Antes de pedirle la camiseta a Beckham había un partido que disputar, una oportunidad para que te vieran los que nunca te han visto y los que no quisieron verte, aquellos otros entrenadores que te despreciaron, los ojos de águila.

Gran parte del mérito corresponde, naturalmente, al entrenador local, Miguel Rivera, que planteó el choque con absoluta seriedad. Ni defensivo ni suicida. Presión en el mediocampo, buena circulación del juego, laterales arrojadizos y un punta maravilloso por su insistencia, Pepe Díaz, un Schillaci nacido en Córdoba y procedente del Baza. Él se bastó para enloquecer a los defensas del Madrid y mantener a su equipo en el borde de la trinchera. Y lo hizo a base de ganas y oficio, como si en lugar de 26 años tuviera 36 y más cicatrices en el cuerpo que partidos.

El Madrid no encontró respuesta a ese ánimo. Diarra no supo ejercer como timonel (se intuía) y Javi García, su compañero en el pivote, apenas se dejó ver. No lucieron los canteranos. A Miguel Torres, que debutaba en el lateral derecho, se le recuerda sólo un buen cambio de juego y cierta agilidad de movimientos, pero poco más. El problema es digno de estudio. Es como si el primer equipo, en lugar de motivar a los jóvenes, los intimidara. Habrá que probarlos en partidos de más alcurnia. Habrá que seguir intentándolo y habrá que interrogar a los ojos de águila.

Si los chicos estuvieron grises, las estrellas se acercaron al negro petróleo. Ronaldo estuvo lentísimo, distraído. Se limitó a asistir a Diarra con el pecho en el último instante del encuentro, pero el africano no llegó ni a golpear el balón. Beckham acabó peleado con su sombra y Cassano, algo más activo, se perdió en florituras. Como Reyes.

Ambición. La primera mitad finalizó así, con empate a cero, y lo que a priori podía entenderse como un triunfo del Écija terminó por parecer un resultado demasiado corto. En la segunda parte los futbolistas de Miguel Rivera siguieron insistiendo, acercándose, presionando. Sin embargo, fue entonces cuando llegó el tanto del Madrid. Beckham sacó un falta y alguien se olvidó de Diarra, que peinó la pelota. El balón golpeó en el poste y todos los que miraban se quedaron quietos, boquiabiertos o con las manos en la cabeza. Todos, menos Cassano, que rebañó el rechace y lo celebró como si le hubiera marcado al Milán.

La cruda realidad del fútbol, su ley implacable, su escasa relación con los merecimientos, el peso de la calidad. Todo eso pensamos. Y entendimos como un esfuerzo inútil y admirable que el Écija no bajara los brazos, como si nada pudiera extinguir su ilusión.

Su entrega tuvo premio. Torres se internó por la banda derecha y envió desde allí un centro templado, cargado de veneno y de fe. Nolito, que había salido poco antes, enganchó un remate espléndido, en el que dominó los tiempos y el acuaplaning. El chaval, de 19 años, lo festejó con el dedo en los labios, como si mandara callar a alguien, sin que hiciera falta que nadie dijera nada, sólo para darse el gusto, como un crack.

A dos minutos del final, Requena falló a placer el que hubiera sido gol de la victoria y luego fue Diarra quien le correspondió con otro favor. No dio tiempo a más. El sistema nos privó de una prórroga deliciosa. Al menos, permitirá que esos fantásticos futbolistas anónimos se den el gustazo de jugar en el Bernabéu, donde a todos nos debería estar autorizado pisar alguna vez, un pase largo y un penalti, no es mucho pedir.

El detalle: debut de Torres y Borja Valero

Miguel Torres y Borja Valero disputaron en Écija su primer partido oficial con el Real Madrid. El primero jugó todo el partido y el segundo salió en el minuto 60 por Javi García. Adán, De la Red y Mateos estuvieron en el banquillo, mientras que Negredo fue el descarte de Capello.

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