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22. Pablo. Evitó la ruina del Albacete y el Madrid no lo quiso

Este albaceteño de Madrigueras se ha convertido en uno de los mejores centrales de Europa con una experiencia de sólo tres años en Primera. César Ferrando le hizo debutar en el Albacete, el Madrid lo rechazó por su forma de correr y fichó en el Atlético...

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DEL ALBA AL ATLÉTICO. Tras un año con el Albacete en Primera, llegó a la Selección Sub-21 y después al Atlético.

El central del Atlético es el máximo exponente del famoso dicho "querer es poder". Pablo Ibáñez podría estar jugando en este momento en los campos de Tercera, pero su pundonor, carácter y sus ganas de hacerse un hueco entre los mejores hicieron posible el sueño de este futbolista.

Fue como el cuento de la Cenicienta y también tuvo su hado padrino, César Ferrando. El valenciano fue el que le puso en órbita. Gracias en gran parte a él Pablo Ibáñez es lo que es. Los inicios del Beckenbauer de Madrigueras fueron mucho más humildes.

Porque Pablo comenzó a jugar en un equipo de un barrio de Leganés, el Carrascal. A la periférica ciudadela de Madrid fue destinado su padre, policía nacional, y allí estuvo jugando desde los tres años como medio centro e incluso de delantero. Fue ya en el Albacete Balompié, al que llegó a los 14 años, donde empezó a ocupar la posición de central. Pasó por todas las categorías: cadetes, juveniles y en el momento de pasar al Albacete B de Tercera el entrenador de este equipo, Gregorio Ocaña 'Yoyo' decidió no contar con él, lo que le obligó al exilio: el club lo mandó cedido al Caravaca de la misma categoría, a las órdenes de Joaquín Pellicer. "Ya estaba acostumbrado a viajar, por la profesión de mi padre", recuerda el central.

En el club murciano realizó una muy buena temporada y marcó cuatro goles, alguno de ellos con la cabeza. Y eso que algunos de sus compañeros bromeaban con él porque no entendían que no anotase más goles con la testa teniendo esa talla. "Quítate la escayola del cuello" le decían.

Esa gran campaña le valió para que el Alba le repescase de nuevo. En la temporada 01-02 jugó en el filial del conjunto manchego teniendo como técnico a Antonio Cabezuelo 'Rojo', un ex jugador del Albacete con el que fue titular indiscutible. Pablo disputó la fase de ascenso con su equipo, pero no logró el objetivo de meter a los suyos en Segunda B.

El jugador nacido en Madrigueras fue llamado entonces por César Ferrando ("uno de los hombres que más ha confiado en mí"), dice con admiración Pablo, para realizar la pretemporada con el primer equipo. En la localidad ilerdense de Llavorsí, donde el cuadro albaceteño realizó el stage, Pablo mostraba maneras, pero no destacaba. Eso sí, al entrenador valenciano se le metió entre ceja y ceja. "Esta temporada jugarán Pablo y diez más" afirmó sorprendentemente entonces Ferrando, más teniendo en cuenta que la campaña 02-03 no había comenzado, y que en el partido de presentación ante el Mallorca tuvo un fallo clamoroso que le costó un gol a su equipo.

Casero. Pablo, que ejerce de ángel en su vida diaria ("no salgo mucho; me gusta estar con mi novia y mi familia"), demostró que también tiene algo de santo: cosas del destino, el defensa salvó al Albacete de la ruina económica tras un rebote. El intermediario Alejandro Camaño, su representante, decidió comprar la mitad de los derechos del futbolista por 150 millones de pesetas. Gracias a esa operación, realizada a mitad de temporada, el club pudo pagar las nóminas y terminar sin problemas el ejercicio. Sus compañeros bromeaban entonces con el milagro en los entrenamientos: "Ni toquéis a Pablo, que nos jugamos la nómina del mes".

Esa temporada fue espectacular para el defensa. A su lado tuvo un maestro, Gustavo Siviero, al que recuerda como otro de sus mentores: "Con él aprendí muchas cosas, ya que era un futbolista veterano que se las sabía todas. Un gran compañero con el que cogí oficio". Pablo gozó de una indiscutible titularidad con Ferrando, ascendió a Primera y debutó con la Sub-21 jugando en Segunda División.

A la internacionalidad inferior sucedió otro hito: jugar en Primera. Pero el cambio de categoría no afectó a Pablo, que siempre tuvo encima a su padrino, Ferrando, para vigilar de cerca una proyección imparable. Pronto, equipos de todo el continente empezaron a llamar a la puerta de su representante. Desde Inglaterra, Italia y por supuesto, España no paraban de insistir en su fichaje.

Rechazo madridista. Uno de los interesados fue, precisamente, el Real Madrid, que tuvo en Pablo a su primer Milito. Ojeadores del club blanco se acercaban habitualmente al Carlos Belmonte, pero uno de ellos llegó a comentarle a los técnicos del Albacete que su forma de correr -"fea", al decir de este ojeador- no gustaría en el Bernabéu. Pablo se quedó en el camino de Chamartín. Y por muy pocos euros.

Muchos menos de los que parecía dispuesto a pagar el Inter de Milán, club que parecía el mejor situado para ficharle antes de que el Atlético se le adelantase. Ferrando fichó por el equipo rojiblanco y lo recomendó. Cuando Miguel Ángel Gil visitó Albacete para cerrar la negociación por 3,6 millones de euros no lo tenía claro. Pero el tiempo le dio la razón.

Una gran campaña en el Atlético al lado de su alter ego, el colombiano Perea, le abrió las puertas de la Selección y de los clubes, sobre todo extranjeros, siguen llamando a Camaño. "Estoy muy bien en el Atlético. Agradezco el interés de otros equipos, pero sólo pienso en el Atleti y ahora en realizar un buen Mundial". Si es así, Torres puede tener compañía.

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